La
historia es maestra de la vida y cuando se olvida la historia es posible que
todo lo malo pasado se vuelva a repetir.
La
Ley de Secretos oficiales del franquismo de 1968, propició que durante 45 años,
estuviera bajo secreto todo lo relacionado con el Golpe de Estado del 23 F.
España,
aún no llevaba tres años de democracia y se encontraba en un momento de mucha
tensión, el ruido de sables era una constante desde la proclamación de la
Constitución democrática en 1978 y la Monarquía carecía de la más mínima
credibilidad, así que algunos nostálgicos del franquismo perpetraron un golpe
de Estado que devolviera al país al estado de las tinieblas franquistas.
Aquel
23 de febrero, yo me encontraba en el trabajo y era la hora del bocadillo, por
lo que escuchábamos en la radio la votación para la investidura de Leopoldo
Calvo Sotelo tras la dimisión de Adolfo Suárez, cuando de pronto se escucharon
disparos y de inmediato se comenzó a escuchar música de Wagner, yo no pude
contenerme y dije que era un golpe de Estado, pero mis compañeros se rieron de
mí, les expliqué lo de lo de los tiros y la música preferida de los fascistas,
pero fue inútil, siguieron burlándose de mí.
Posteriormente,
supimos que un grupo de Guardias Civiles había asaltado el Congreso y mantenía
retenidos a los Diputados.
Mas
tarde, Milán del Bosh decretó el Estado de Excepción con Toque de Queda para la
Tercera Región Militar, de la que Cartagena forma parte y sacó los tanques de
combate por las calles de Valencia.
Yo
era entonces un activo antifascista por lo que estaba “fichado” y hasta las 10
de la noche no me relevaban y con el Toque de Queda en vigor, era peligroso
andar por la calle después de las 10 de la noche porque te detenían, así que me
encontraba atrapado, aunque por suerte, cuando casi a las 10:30 llegué a
Cartagena no me crucé con ninguna patrulla militar y pude llegar a casa sin
problemas.
A
media noche, el heredero de Franco declaró en TV su compromiso con la
Constitución y la democracia y el golpe de Estado se abortó al no disponer de
más apoyos militares.
Después,
en todo el país se convocaron concentraciones en favor del Rey y de la
democracia por las organizaciones políticas que participaron en el mercadeo de
la transición y en Cartagena lo hicieron en la Plaza del Ayuntamiento.
A
partir de entonces la Monarquía disfrutó del mayor apoyo popular, hasta el
punto de que en las movilizaciones de las organizaciones sociales y políticas
se nombraban “Servicios de Orden” a los más musculosos de las organizaciones,
con una misión fundamental, nada de proferir gritos que no fueran los previstos
por la organización y si alguien desplegaba una bandera republicana de
inmediato era expulsado de la manifestación sin contemplaciones, que para eso
estaban los músculos ahí.
Muchos
de los que nos echaban de las manifestaciones por desplegar una bandera
republicana, ahora dirigen y militan en organizaciones republicanas.
Algunos
dicen que el Rey paró el golpe, sin embargo, nada más lejos de la realidad, a
partir de entonces se sufrió un retroceso en todo, los símbolos franquistas se
eternizaron en los espacios públicos hasta bien entrado el actual siglo XXI, en
que se volvió a poner sobre la mesa la Ley de Memoria democrática, ni los
Gobiernos de Felipe González hicieron nada, ni siquiera las organizaciones
sociales y vecinales hicieron algo por retirar los infames símbolos de las
calles del supuesto sistema democrático.
Por
reclamar la supresión de símbolos franquistas en mi pueblo, Alumbres, “me he
ganado” encabezar la lista negra que algunas organizaciones “democráticas”,
de allí han vuelto a elaborar, pero no me importa, porque la Inquisición ya la conocí, no sólo en el franquismo, también en mi época laboral durante el felipismo, así que ya se cómo las gasta la Inquisición en todos los tiempos y los efectos que produce.
El
felipismo hizo retroceder a la sociedad décadas, hasta convertir la supuesta
democracia en una continuación del franquismo. Resucitó el terrorismo de estado
(el GAL) que secuestró y asesinó a inocentes como Santiago Corella “el Nani”,
hizo desaparecer a detenidos como Lasa y Zabala, algunos murieron ahogados
debidamente esposados en el Bidasoa y además enterraron a sus víctimas en cal
viva; se pudo juzgar, al falangista con carné socialista y ministro con Felipe González José Barrionuevo por el secuestro de un inocente, Segundo Marei. Las reconversiones industriales se convirtieron en simples
reestructuraciones de plantilla sin invertir el dinero público que las empresas
obtenían para los planes de reconversión y se incrementó la represión de las
movilizaciones sociales y políticas,
recordando los peores momentos de los “grises”, la represión y batalla
campal en la crisis industrial de Cartagena, el Llano del Beal en la crisis de
la minería, etc.; del No a la OTAN, se pasó al slogan “de entrada No a la
OTAN” y a la manipulación social para conseguir una mínima mayoría del Sí a la
OTAN en el referéndum de 1986; se persiguió con saña a todo aquel que no se
doblegara a su dictado, mientras la ultraderecha tomaba fuerza y se
reorganizaba; en lugar de colaborar con Garzón en sus investigaciones sobre el
GAL le atacó y le puso todas las dificultades posibles; corrompió todas las
instituciones del Estado, recordar al hermano de Alfonso Guerra; concentró la
Banca y puso en sus direcciones a personal de su confianza; Luis Roldán, en su
etapa de Director General de la Guardia Civil, se fugó de España cuando se
descubrieron sus chorizadas y su falso currículum; hizo que los ingresos del
Paro se declararan en Hacienda; La prensa volvió a la más grotesca censura bajo
el lema de “autocensura” y la TV, la de todos volvió a ser la TV del NODO;
etc., etc.
Alfonso
Guerra soltó frases tan elocuentemente fascistas como “Fuera del PSOE no hay
nada más que un desierto” y “El que se mueva no sale en la foto”. Ahora, los
medios, le ponen el micro para que se oponga al progreso y respalde a la
derecha.
Los
principales responsables del golpe, Milán del Bosch, Antonio Tejero y Alfonso
Armada fueron condenados a 30 años de cárcel, pero ninguno los cumplió, el
General Armada quedó en libertad, gracias a un indulto del Gobierno de Felipe
González en 1988; Milán del Bosh salió de la cárcel en 1991. El capitán de la
Guardia Civil, Vicente Ramos, asaltante del Congreso el 23 F, fue condecorado
en 1992 con la Cruz de la Real y Militar Orden de S. Hermenegildo y Antonio
Tejero disfrutó del Tercer Grado desde 1993 y salió definitivamente de la
cárcel en 1996.
El
resto de miembros implicados, doce miembros de las Fuerzas Armadas, y
diecisiete de la Guardia Civil todos salieron antes de 1990 y el único civil,
Juan García Carrés, fue condenado a dos años.
De
hecho, después del felipismo, la derecha está muy extrema y cada vez se
manifiesta más anti constitucionalista, mientras la ultraderecha, más
envalentonada y agresiva que nunca, durante la pandemia realizó llamamientos al
golpe de Estado y cada vez se manifiesta más amenazante a los principios
democráticos y a ciertos demócratas relevantes, pero la justicia, en la mayoría
de los casos y como siempre, se limita a considerarlas como “libertad de
expresión”. No es nada nuevo, la extrema derecha siempre ha disfrutado de mucha
impunidad.
Que
cada uno saque sus conclusiones de si los papeles que vamos a conocer contienen
todo lo relacionado con el golpe militar fallido, pero la historia está ahí y
en mi opinión, es una operación de lavado de cara por el que nos vamos a quedar
como estamos y por supuesto, del papel del Rey en el Golpe de Estado solo
veremos lo que les interese, porque el PSOE pasó de ser republicano a respaldar
sin reservas a la Monarquía heredera de Franco.
Para terminar, un poema de mi cosecha, de aquellos cutres años del felipismo.
TEMOR AL MIEDO
Miré a los interiores y temí
que el miedo fuera adolescente
como yo,
y un espasmódico reflejo
me recorrió la médula espinal
como un rayo,
cuando se ofreció ante mí
con toda su altivez.
Abrí los ojos y soñé
que el miedo al dolor
era un cuento,
y se introdujo en lo más profundo
de mi intimidad,
como un parásito indeseable.
Soñé que el miedo
nunca podría profanar
el espacio virtuoso de la soledad
y desperté,
aterido de un miedo tan espeso
como indescriptible
que atravesaba ávidamente
los blindajes de mi espíritu.
Temiendo al miedo,
cerré los ojos y volé
por los celajes inmensos
de la libertad,
y en la sala de mis ensueños
anidaron libremente
los pájaros de la fantasía.
Y empapándome en el miedo
miré a la vida
cara a cara,
y sentí clavarse en mis entrañas
sus vidriosos ojos
ebrios como sudarios mortuorios.