miércoles, 1 de junio de 2016

DE LOS ORÍGENES Y EL FINAL DE LA MINERÍA

             Con este trabajo, solo pretendo presentar un resumen del origen del poblamiento de Alumbres y la sierra minera, y el fin de esta antigua actividad con el desastre ecológico como telón de fondo, pues existen extensos trabajos realizados por especialistas que pueden aportar más claridad para aquellos que deseen profundizar sobre el tema.

La explotación de los recursos mineros de la sierra de Cartagena-La Unión es muy antigua, confirmado por los numerosos pecios encontrados en nuestras aguas, entre los que se puede destacar el de un barco de origen fenicio del siglo VII a. C. hundido en la Isla Grosa, que transportaba plomo, estaño y manufacturas púnicas. Además disponemos también de un testimonio arqueológico singular, y es el yacimiento del poblado ibérico del siglo V a.C. en Los Nietos, donde se encontraron piezas metálicas junto con cerámicas ibéricas y áticas, que por la ubicación costera del poblado y su cercanía a la sierra minera de La Unión le confiere un carácter comercial, donde se intercambiaban productos derivados de la minería por mercancías procedentes de Grecia, Sur de Italia y el Mediterráneo Oriental.
El Cabezo Rajao al fondo de la imagen. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El Cabezo Rajao. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El dominio cartaginés de la comarca supuso también una primera fase en la explotación de las minas de plomo y plata de Cartagena-La Unión, que al parecer sacaban del Cabezo Rajao.
            Los romanos explotaron las minas en galerías y a cielo abierto, por lo que se cree que es de esta época la explotación de un filón de galena argentífera en el Cabezo Rajao. A finales del siglo II se abandonaron las minas al considerarlas agotadas.

            En otro tiempo, a este entrañable lugar para los pobladores de la zona, se le llamaba el Cabezo de la Raja o de la Granada, y además de plata proporcionó también otros minerales entre los que cabe destacar el plomo, zinc y alunita.
            La alunita, es el mineral por el que, después de un proceso de transformación se fabrica el alumbre, y cuyas propiedades eran ya conocidas en la antigüedad. En el siglo IV a.C. el filósofo griego Teofrasto mencionaba ya el alumbre, y los romanos conocían sus propiedades cicatrizantes, antibacterianas y desodorantes.

El Cabezo Rajao cuna del poblamiento de Alumbres
El Cabezo Rajao es ante todo un emblema del pueblo de Alumbres, pues aunque hubo otras minas de alumbre en las cercanías y en el resto de la comarca, todo indica que es aquí donde se encontraba el mineral más puro y en cantidad rentable.
            Cuando en 1445 las minas de alumbre de Bizancio caen en manos de los turcos, se produce un encarecimiento del producto en el mercado, y tanto en España como en el resto de Europa se buscan yacimientos que puedan sustituirlos.
Es hacia 1520 cuando se descubre un yacimiento de alumbre en el Cabezo Roche, en las cercanías de Alumbres, cuya explotación fue concedida a D. Francisco de los Cobos por el Rey Carlos I, y por medio de varias provisiones reales, fechadas finalmente el 8 de enero de 1535, se le eximía de la obligación del pago de las Alcabalas, Almojarifazgos y otros derechos. Además se le autorizó a cortar la madera que hiciera falta y acarrear y acercar el agua necesaria para la fabricación del alumbre.
            El monarca le concedió también la construcción de un poblado formado principalmente por cristianos viejos, a cuyos pobladores les otorgaría el derecho a sembrar, pacer y cortar en los términos del poblado como vecinos del Obispado de Cartagena, e igualmente les eximiría del pago de Alcabalas de todo lo que se vendiera en el poblado para el mantenimiento, vestido y calzado de la gente, además de todas las preeminencias, franquezas y libertades que disfrutaban los vecinos de la ciudad de Cartagena, y también le autorizó a construir todo lo que fuera preciso para la fabricación del alumbre.
Mina La Manolita- La Parreta.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Poco a poco se comenzaron a construir viviendas para los obreros y sus familiares y para el personal encargado de la explotación minera, así como lo necesario para la fábrica del alumbre. Con el incremento de la industria, Los Alumbres Nuevos que era como se le llamaba entonces para distinguirlo de Los Alumbres Viejos de Mazarrón, fue desarrollando y diversificando su actividad con otras de carácter ganadero y agrícola en la que el trabajo del esparto ocupaba ya un espacio laboral.
La actividad minera se reduce de forma notable a partir de 1575, y  hacia 1591 se deja de producir el alumbre por el cierre de las minas. El memorial de Martín Cifuentes de 1599 es muy clarificador al respecto, ”…ahora, como las dichas fábricas han parado totalmente más de 8 años, ha venido el dicho pueblo en tanta disminución y menoscabo que ni las torres son de provecho ni hay vecinos en él, sino dieciocho o veinte que solo viven de buscar plomo y coger esparto, sin tener como no tienen otras haciendas ni labores.”
Posteriormente, hacia la segunda década del siglo XVII, se explotaría la almagra, que era un residuo resultante de la fabricación del alumbre, y que se utilizaba para la pintura artística, para la fabricación de cerámica y también para la fabricación del tabaco.
A finales del siglo XVII se empiezan a explotar las minas de plomo de La Parreta, y posteriormente, en el nuevo auge que tomó la minería en la zona, a partir de mediados del siglo XIX contó con varias minas dentro del Complejo Minero de La Parreta. La Manolita, La Lolita, S. Simón, S. Camilo, S. Eloy, La Despreciada, S. Roque, S. Antonio…y dispuso de Lavadero (S. Ignacio), y fundición.
Logo de la empresa en la fachada de las oficinas.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
De las más cercanas al pueblo se podría mencionar también la denominada Celestino, porque aún se pueden ver sus huellas a la entrada del pueblo por El Portazgo, aunque desde hace unos años, sus terreras, se están poblando de plantas autóctonas sobre todo.
En 1825, durante el reinado de Fernando VII, se promulgó la ley de minas que liberalizó el sector y por la que se pudo iniciar prospecciones mineras sin necesidad de obtener licencia real.
A mediados del siglo XIX,  en 1840 concretamente, D. Agustín Juan, registró las minas a su nombre para explotar el alumbre, bajo la denominación de Esperanza, San Antonio y Santa Catalina, e instaló una pequeña fábrica al Norte del Cabezo de la Raja. Al principio obtuvo buenos resultados, pero la falta de agua le obligó a transportarla desde largas distancias, por lo que no le fue posible continuar la fabricación del alumbre a causa de la poca rentabilidad que obtenían sus productos.
Por lo tanto nuevamente se abandonaron y fue D. Francisco Dorda quien en 1852 las adquirió en propiedad para la extracción de plomo y otros minerales.
Este nuevo período minero daría lugar al establecimiento de nuevos poblados en la sierra minera como El Garbanzal, La Unión y El Llano del Beal.
Terreras de la mina Celestino en Alumbres, pobladas con plantas autóctonas principalmente.
 Foto: Francisco Atanasio Hernández

Primera mitad del siglo XX.
A principios del siglo XX, los medios de vida de la mayoría de la población alumbreña dependían principalmente de las minas de La Unión, El Gorguel y La Parreta, aunque también había algunos empleados en el Arsenal, en La Maquinista de Levante de La Unión, y en la Fundición de San Isidoro de Escombreras, además, Garrabino ocupaba a muchos hombres y mujeres del pueblo. Por supuesto, tampoco faltaban las labores agrícolas y ganaderas, aunque en menor cuantía.

Los sueldos de los mineros eran muy pequeños, pero los empresarios, en sus ansias de enriquecerse lo más rápidamente posible, se ingeniaron un sistema de retribución por medio de vales, los cuales tenían que ser canjeados por artículos en los almacenes o tiendas que, o eran de su propiedad, o el propietario era un familiar, o amigo, que recibía una comisión por la venta, con lo que crearon un círculo por medio del cual, los obreros que cobraban por este sistema veían reducida la capacidad adquisitiva de sus salarios de forma alarmante. Por tanto, los trabajadores que cobraban su salario en dinero, podían considerarse satisfechos respecto a los que cobraban con vales.
Los bajos salarios de entonces, no les permitía a los obreros derrochar el dinero, e iban y venían del trabajo en el medio más económico, aunque eso les supusiera un esfuerzo añadido al duro y penoso trabajo que tenían que realizar en las largas jornadas laborales. Cuando los mineros que trabajaban en las minas del Gorguel, volvían a sus casas de Alumbres de madrugada, se les veía bajar por la Cuesta Agria, por las teas que llevaban para alumbrarse en los difíciles caminos de la sierra.
Los minerales eran transportados por caminos de tierra, por recuas de mulas hasta el puerto de Cartagena, y aunque el ferrocarril redujo el transporte de minerales en carromatos, al principio coexistieron y se complementaron.

La crisis de la minería y las movilizaciones obreras.
La crisis de la minería comienza con la guerra de 1914, y alcanzó magnitudes dramáticas en 1927, pero en ese intervalo de tiempo se había producido un fuerte movimiento migratorio de la mayoría de la población minera hacia lugares como Barcelona, Orán, Argentina, etc.
En 1913, se fundó en Alumbres la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos “Armonía”, que tuvo mucha importancia en un momento en que no existían seguros sociales para los trabajadores, eran las Sociedades de Socorros Mutuos o mutualidades, las que cubrían la asistencia médica y farmacéutica, e incluso algunas cubrían un seguro de vida.
El inicio de la Primera Guerra Mundial, trajo como consecuencia incremento de paro, incremento de la inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios, movilizaciones obreras y emigración.
Desde mediados de 1915, hasta cerca de 1920, los trabajadores de la Comarca adoptaron posturas reivindicativas más radicales, coincidiendo con el incremento de la conflictividad laboral a nivel nacional, son dirigidos por la unidad de acción de las dos grandes centrales sindicales proletarias del momento, UGT y CNT.
La fuerte inflación y el incremento de paro en 1916 se hace insoportable para los trabajadores, pues la subsistencia se convierte en una empresa muy difícil de conseguir.
Durante este año de 1916, en la sierra minera se van a suceder huelgas y manifestaciones continuamente. Entre todas ellas cabe destacar la huelga general de febrero a marzo de 1916, durante la cual se dio lugar el luctuoso acontecimiento del Descargador de La Unión.
Aquel día estaba toda la sierra en huelga y los trabajadores se habían reunido en asamblea en la Casa del Pueblo del Llano del Beal. A la vuelta a casa los obreros de Alumbres y La Unión, al pasar por el Descargador y ver salir humo de la fábrica de Pío Wandosell, pretendieron saber si los trabajadores que había dentro lo hacían voluntariamente o coaccionados, pero el teniente Mancebo de la Benemérita que mandaba la guarnición, primero los engañó haciéndoles esperar, y más tarde, en lugar de permitir tan noble y civilizado requerimiento como es el de la información, mandó a los suyos disparar despiadadamente sobre los trabajadores indefensos, matando a 7, e hiriendo a decenas de ellos. Entre los fallecidos se encontraba un alumbreño, Valentín Escobar Callejón de 46 años.
En 1980, se puso el nombre de Siete de Marzo a una calle de La Unión para que no se olvide.

Por entonces las movilizaciones obreras fueron cuantiosas con resultado ciertamente variado, si bien, en la mayoría de los casos en los que los trabajadores consiguieron arrancar mejoras a los empresarios, inmediatamente después pudieron ver de qué poco les servía, porque casi ninguna empresa cumplía los pactos alcanzados con los trabajadores.
La escasa voluntad de las empresas de cumplir los acuerdos con sus obreros, porque eso les reducía sus descomunales beneficios, junto con la proliferación de los sindicatos amarillos en la sierra minera, propició la inutilidad de las luchas obreras por mejorar sus condiciones de vida y trabajo.
Así, en 1918, se constituyó en La Unión, la sección unionense del “Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles”, cuyo lema era “Unos para otros y Dios para todos”, y el día 20 de diciembre del mismo año, le tocó constituirse en Alumbres, que entonces ni siquiera disponía de local, el cual se inauguró en 1919. Tenían muchas prisas por descabezar al movimiento obrero combativo de la sierra minera, y no podían esperar a tener un sitio donde reunirse. 
Por esas fechas los sindicatos católicos estaban considerados por los trabajadores como sindicatos amarillos, no sólo porque eran fomentados por la Iglesia, sino por las similitudes que existían entre los planteamientos sociales de estos sindicatos y la patronal, o con los de los sindicatos creados por los propios empresarios como “La Legalidad”, obra sindical exclusiva de Maestre, que ofrecía a los trabajadores que se afiliaran a ese sindicato descuentos en las compras de su almacén, y regalos como el carburo y otros beneficios nada desdeñables para las economías de aquellos tiempos, que sin duda, hacía fácil presa de los trabajadores más necesitados.
El 21 de enero de 1919, se creó en Alumbres la Sociedad “Los Intransigentes”, una de las más importantes asociaciones obreras de la época en el pueblo, que después pasó a llamarse “La Envidiable”, y estaba ubicada en donde estuvo el Casino del Parrandero. En 1931, se levantó un edificio en la misma calle para la organización a la que se le denominó “Casa del Pueblo”, y que posteriormente los franquistas requisaron tras la rebelión militar. Por cierto, un amigo alumbreño nonagenario, me contó que en el local había una foto que recordaba a los mineros fallecidos el 7 de marzo de 1916, y un dirigente de los fascistas alumbreños de la época se ensañó con ella y tras tirarla al suelo la pisoteó hasta destrozarla.
Después de 1919, la etapa se caracteriza por el descabezamiento de las organizaciones obreras, y un descenso de las movilizaciones que se prolonga a lo largo de la década de 1920.
Sin embargo, se tiene constancia de una huelga en agosto de 1923 llevada a cabo por los trabajadores de La Parreta, al parecer con resultados positivos.

La dictadura de Primo de Rivera
La desmovilización de los trabajadores se agudiza durante la dictadura de Primo de Rivera de 1923-1929, que persiguió y reprimió duramente a los comunistas y a los anarquistas de CNT, cuya importancia como vanguardia en el mundo laboral de esos tiempos, era indiscutiblemente superior a la de otras organizaciones obreras como los amarillos y la UGT, que en lugar de oponerse a la dictadura se aprovechó de ella para fortalecerse.
            Entre los años 1924 y 1926, se recurrió a la intensificación de la producción utilizando para ello la superexplotación del obrero por medio de la prolongación de la jornada.
Se cree que de 1924 a 1925 creció en 2000 personas la población de La Unión, no obstante, todo era en parte, pura fantasía, porque a partir de 1927 la crisis de la minería se manifestó con toda su crudeza. La mayor parte de su población, al quedarse sin trabajo, empezó a abandonar la sierra y se marchaban a otras regiones, o se embarcaban en el puerto para otros países. Los dueños de las viviendas al quedarse desalquiladas las derribaban para vender los materiales, y el Ayuntamiento, para evitar que se siguieran destruyendo casas, puso un impuesto que gravaba el derribo de viviendas.
La crisis minera se intensificó desde principios de 1927, y sin embargo, la actitud obrera de resignación ante esta difícil situación contrastaba con la actitud combativa que había estado manteniendo en años anteriores. En el cuartel de la guardia civil se elaboraban listas de trabajadores en paro, con el propósito de llamar primero a los trabajadores de la localidad anotados, y evitar que se metieran antes a obreros de otros lugares.
Después de la crisis económica mundial de 1929, la ciudad de La Unión continuó su declive a pasos agigantados, cerraban los comercios y todo tipo de negocios, y la gente se marchaba de allí en masa. Pero la crisis de la sierra minera de La Unión afectó también a sus alrededores, de tal manera que en la ciudad de Cartagena cerraron también empresas de prestigio.
Sirvan como datos meramente orientativos que ilustren los efectos de la crisis de la minería en la población alumbreña, que a principios de 1900, había más de 3700 habitantes en la diputación, y a mediados de siglo unos 2200 en la diputación y 1300 en el pueblo.

El final de la minería.
En 1946, Peñarroya compró su participación en la Sociedad Zapata Portman, a la familia Maestre Zapata (descendientes de D. Miguel Zapata Sáez, más comúnmente conocido como el Tío Lobo, legendario minero que a finales del siglo XIX llegó a ser propietario de la mayor parte del negocio de la minería) y entonces comenzó la explotación a cielo abierto, y el mayor desastre ecológico de España y el Mediterráneo, con los vertidos al mar de los estériles mineros a partir de 1958.
Mina Nuestra Sª. de las Mercedes en La Hoya.  Foto: Francisco Atanasio Hernández

El cacho de pan de los mineros.
En la década de 1950 quedaban muy pocos trabajadores en Alumbres que se dedicaran a las labores de la minería, y a principios de la década de 1960 cerraban todas las minas del Gorguel y de La Parreta.

Algunos de nuestros mayores estuvieron trabajando en las minas hasta que cerraron y mientras tanto mantuvieron la costumbre de que cuando volvían a casa después de las duras jornadas de trabajo a las que estaban sometidos, siempre lo hacían con un cacho de pan de reserva y un trocito de companaje (embutido), con sabor a pirita y manganeso en el trapo, para que los hijos, que no iban muy sobrados de alimentos precisamente, pudieran disfrutar encontrando algo que llevarse a la boca cuando buscaran en su interior. Mi padre fue minero en su juventud y lo recuerdo con el poema siguiente.
CON TU ESTIGMA
Voy tras tus huellas
pegado al suelo
como una sombra.
Y descuelgo del archivo
de mi intimidad
la videohistoria
que aún conservo
con marca registrada
de una imagen infantil estereotipada.

Rastreo en las galerías
donde el barreno te hizo hombre
y rebusco ansioso por el trapo,
como un cachorro entusiasmado,
un cacho de pan de reserva
rebozado de pirita y manganeso.

Encuentro tus ansias
brillando en la blenda
y un día tras otro
pisándote los talones
me encuentro colgando
la luna a tu puerta.

Voy tras tus huellas
pegado al suelo
como un peregrino.
Y me aferro a las cadenas
de tu infortunio
como un fantasma impenitente.

Te encontré en el aire
practicando el vuelo libre,
pero era tarde
en el reino del oscurantismo,
y las tinieblas
se abatieron despiadadas
sobre tus despojos.

Busco en el aire un alivio
pido a los astros
su infinito entendimiento
y un torbellino de pasión
desenfrenado, me estremece
las entrañas.

Y respiro por fin
el influjo denodado
de un algo de libertad
indomable, que guareció
la envoltura
de tu sereno semblante.

Voy tras tus huellas
portando tu estigma
sin temor al fuego.

La desaparición definitiva de las labores propias de la minería en la sierra de la comarca llegó después de que Peñarroya España, presentara un Plan Estratégico de Adaptación Competitiva en el Ministerio de Industria en 1987, en cuyo momento comenzó el último episodio de ésta actividad.
Ya en 1988, Peñarroya – España, vende la explotación minera a Portman Golf, S.A. que en esos momentos, se suponía que se trataba de un grupo de voluntariosos empresarios de la tierra, que se hacían cargo de la empresa con la intención de mantener la actividad minera y los miles de empleos que en ese momento estaban siendo amenazados, entre directos, indirectos y por el llamado efecto dominó, pero todo fue un espejismo, incluso hoy, después de lo visto, se podría decir que en realidad, se representó una obra de teatro en la que los teloneros mejor pagados de la historia se llenaron los bolsillos en un solo acto.  
Ahí se puede ver el chorro de estériles y la zona de alrededor +- 9 m. de profundidad colmatada 
En 1990, el Lavadero Roberto, cesó de verter estériles al Mar Mediterráneo, con la bahía de Portman colmatada y totalmente desconocida, y en 1991, Portman Golf, que era en esos momentos el nuevo propietario de la Sociedad, decidió cerrar sus instalaciones, previa negociación de las indemnizaciones por despido de los trabajadores, pero sin obligación de poner un duro para la recuperación del medio.

Entonces terminó definitivamente la más larga tradición laboral de la sierra de Cartagena-La Unión, y por la que algunos oscuros personajes con pocos escrúpulos amasaron grandes fortunas, a costa de la salud y de la vida de los obreros, y la irreversible degradación del ecosistema, todo ello con la inestimable colaboración de los poderes públicos de turno. 

 Fuentes:
-Antonio Bernabéu Pérez. El 7 de marzo y después del 7 de marzo de 1916 en La Unión.
-Diego Victoria Moreno. Conflictividad y dinámica social en Cartagena y su cuenca minera                  1909-1916
-Francisco Atanasio Hernández. Alumbres en el siglo XX.
-Francisco Atanasio Hernández. Lo que me quedó de Alumbres en el siglo XX.
-Francisco Atanasio Hernández. Retazos de la historia de Alumbres.
-Francisco Atanasio Hernández. Alumbres algunas historia pendientes.
-José Antonio Lorenzo Solano. Portman Portus Magnus.
-Juan Bautista Vilar, Pedro María Egea Bruno y Diego Victoria Moreno. El movimiento obrero en el              distrito minero de La Unión 1840-1916
-Luis Mariano Muelas Espinosa. La Minería de La Unión. Tomo I

Documentos
-Francisco José Ródenas Rozas. Centenario del suceso del 7 de marzo en La Unión.

Prensa
-Archivo Municipal de Cartagena. El Eco de Cartagena.
-Archivo Municipal de Cartagena. Gaceta Minera.
-Archivo Municipal de Cartagena. Boletín de Minas.
-Archivo Municipal de Cartagena. Diario de Murcia.

Fotos
Francisco Atanasio Hernández 
La de los vertidos de estériles autor desconocido

lunes, 23 de mayo de 2016

LOS REQUESONEROS DE ALUMBRES

          La referencia más antigua que tengo de los requesoneros de Alumbres es a través de un pequeño relato de Federico Casal Martínez con el título de “Recuerdos. El Ayuntamiento y los músicos ingleses”, que data en 1611 y lo termina como sigue “Al día siguiente se notó en el mesón la falta de una zagala que en él servía, apodada Marica la alumbreña, hija de un popular requesonero de los Alumbres Nuevos, a la que se veía muy amartelada con uno de los músicos que tocaba el pínfano y el atambor  y chapurreaba un poco el castellano. Nadie se explica cómo la chica fue al barco. El piloto encargado de sacar fuera del puerto los barcos para evitar la peligrosa laja existente en la bocana, dijo haberle parecido ver en el navío una mujer”.  

            Se sabe que los vecinos de Alumbres eran especialistas en la fabricación del requesón desde muy antiguo y tal maestría habían adquirido en su elaboración que entre los vecinos se comentaba que tenían una receta secreta que pasaba de padres a hijos, y por lo que se cuenta, parece ser que los lecheros alumbreños nunca tuvieron quien les compitiera en la comarca de Cartagena.
            Un antiguo refrán dice:
                        Las cosas mejores de Cartagena son,
                        los palmitos, la miel y el requesón.
            Los requesoneros se apostaban en la Puerta de San José antes de salir el sol, y cargados con sus mercancías, esperaban pacientes a que la guardia militar abriera la puerta para entrar en la ciudad gritando “El rico requesón de Alumbres” que llevaban envueltos en blancas y aseadas servilletas para que el suero que quedara fuera escurriendo. Trasportaban también el peso y el cuchillo que llevaban en una cesta y el precio al que lo vendían era de cuatro reales la libra y era tanto el consumo que se hacía en la ciudad de este producto, que hacia las nueve de la mañana se quedaban sin existencias y comenzaban a volver para Alumbres.
Portada del Diario de Cartagena nº 50. Archivo Histórico de Cartagena
La fama que alcanzaron los requesones alumbreños en Cartagena fue muy grande, hasta el punto que la mencionada industria “El Requesonero de Alumbres” fue el título que llevaron una serie de artículos que se publicaron durante casi todo el año de 1807, de carácter múltiple, científico-intelectual-burlón-satírico y moral, por el Diario de Cartagena que se editaba en la imprenta de Trinitario Hortelano, al principio en la calle de San Roque, y más tarde en la calle de la Morería Baja, y que llamaron mucho la atención porque ponían de manifiesto el alto nivel cultural del autor, pues escribía la carta del supuesto requesonero y la respuesta, que firmaron diferentes personajes de ficción, El Albéitar, El Estudiante Laurencio, Público, Señor Mayor, Pablo Remigio, El Barbero, Aficionado a Física, etc., basándose en un tema científico o intelectual que el alumbreño planteaba, siendo respondido por uno de los personajes mencionados, y que llevaban a la conclusión de que cada cual debería de dedicarse a lo que conoce y no invadir terrenos que no son de su especialidad.
            Para mostrar la riqueza intelectual y literaria de la serie de los escritos mencionados, firmados por el supuesto requesonero de Alumbres, pueden servir como muestra los fragmentos que expongo a continuación.
            Según el Sr. Casal el artículo inicial decía “Yo no soy requesonero; he colgado el cesto en el huerto de Calín y si hubiere algún incrédulo venga conmigo y en llegando al sitio le diré: ahí está el cesto” (No he podido confirmar la existencia de este ejemplar porque no se encuentra en los archivos de Cartagena y Murcia).
            El escrito del 19 de febrero de 1807, comienza como si se tratara de un bravucón que en el campo de la literatura no tuviera rival “Convite fúnebre, que la piedad del requesonero de Alumbres hace a los amantes de la literatura y buen gusto, para que se sirva asistir a los funerales de D. Pablo Remigio”.  
            Y al final del mismo escribe el epitafio de su supuesto rival:
            “Aquí yace Don Remigio
            Escritor aventurero
            por querer medir sus armas
            con el buen Requesonero.
            Requiescat  in pace. Amén,
            Ya tenemos un enemigo menos; vamos ahora a lidiar con el señor F.M.C. que podrá ser que al primer tajo vaya a acompañar a su amigo, y no quede títere con cabeza”.
            En otro artículo con el siguiente título “El Caballero Newton defendido y coronado de laurel por el requesonero de Alumbres” defiende a Isaac Newton y sus tesis de la crítica de alguna prensa, como si fuera un científico más que hasta ese momento no se hubiera dado a conocer, ofreciendo datos astronómicos y hablando de planetas, de estrellas y de la gravedad como si nada de eso le fuera ajeno, sino todo lo contrario.
            Un pasaje de ese mismo escrito dice así ”Estoy como la Reyna Luisa forrado en cobre, y hecho a fuerza de bomba ; y me llevo por delante aquella bella sentencia a cuya sombra me acojo, quando chispean estos fuegos fatuos , la qual dice la crítica  de los necios, es el incienso de los talentos. Yo no lo tengo; pero lo tuvo, y lo tuvo extraordinario el célebre Newton”.
Ganado de cabras y ovejas por nuestros campos. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            El nº 54 del Diario de Cartagena ofrece la receta para elaborar el requesón: “Póngase a hervir un quartillo de leche a fuego lento, y luego que rompa el hervor añádasele el zumo de medio limón regular y apártese del fuego; cuélese el licor o suero por un lienzo espeso y exprímase bien el requesón que quede en él; cuyo peso deberá ser de cuatro onzas si la leche era pura; y a proporción del agua que contenga disminuirá la cantidad de requesón; es decir, si a tres partes de leche  se le ha echado una de agua, dará tres onzas de requesón; si un quartillo de leche contiene la mitad de agua (que es lo que comúnmente se acostumbra) dará dos onzas de requesón; y finalmente, si a una porción de leche se le han agregado tres partes de agua (lo que es muy raro) dará una onza de requesón”
            En uno de los últimos escritos defiende con énfasis su oficio de requesonero ante las descaradas burlas que le ha proferido uno de sus rivales.
            “…pero ¡qué delicio! haber tornado la pluma para tratar, con cierto desprecio aquel tratado de pabellón, caldera de hacer requesones, no es lo mismo escribir que ponerse a hacer requesones, y otros dicterios indecentes, de los que no es justo acordarme…”
            Ante tales insultos, él sigue defendiendo la dignidad de su profesión en el mismo texto “…para explicarse bien no es necesario hablar mal, que la moderación está bien vista en todas partes y mayormente en los papeles públicos.  Si soy requesonero, si tengo caldera, si los hago bien o mal, no es el asunto del día, ni mi escrito se ha dirigido a estos puntos: la suerte me ha deparado este oficio, gano honradamente mi sustento sin estafar a Vd. ni a nadie, hago todo el bien que puedo, y a persona alguna por humilde que sea le echo en cara su oficio”.

            Al final de algunos de los artículos, igual que en este último terminó poniendo después de El Requesonero de Alumbres las iniciales J.M.G. y D. en la mayoría terminaba con un, se continuará.
            La venta del requesón de Alumbres tuvo larga duración, y aunque atravesó tiempos peores llegando a prohibirse su venta a finales del siglo XIX por ciertos problemas sanitarios, producidos por la adulteración del producto en su elaboración, y por las vasijas de cobre utilizadas para ello, su venta llegó hasta 1936, año en que dejó de venderse por Cartagena, volviendo a aparecer en 1942, pero por muy poco tiempo, pues con el precio que alcanzó la leche, se ganaba con ella más que con el requesón.

Los lecheros que conocimos los de mi generación.
Antes de nada es preciso aclarar que hasta mediados los años sesenta, no todas las familias podían pagarse la leche diaria que necesitaban para sus hijos.
Por esas fechas no recuerdo haber oído nunca nombrar el requesón, sin embargo, el queso fresco sí lo elaboraban y vendían los lecheros a los vecinos que lo encargaban.
En esos tiempos la leche se vendía de casa en casa, y el pastor llevaba con él a su ganado y ordeñaba a las cabras allí mismo, a la vista del cliente. De esa época recuerdo a varios cabreros, “Alfonsico” y su hermano Andrés, Juan y Paco “el Cano”, José Antonio y su hermano “el Mudo” (le llamábamos el Mudo, y con mucha propiedad, pues el pobre hombre no podía hablar).
Durante esa tarea, y por la tarde, cuando volvían a recoger el ganado, al pasar por las fuentes aprovechaban y le daban de beber, y como en uno u otro momento se despistaban unos minutos, en ese tiempo, había chiquillos que se echaban debajo de las cabras y bebían unos tragos de leche directamente de las ubres de los animales. Otros en cambio, eran un poco más traviesos, y el despiste del lechero lo aprovechaban para levantarle el mandil al macho, con el consiguiente cabreo del pastor que cuando volvía se encontraba al animal ocupado con todas las cabras que se ponían a su alcance.

La leche de las vacas estabuladas de Mateo Molina, Gregorio de La Hoya, y Paco “el Cano” también estaba muy solicitada por los vecinos del pueblo.
El paso del tiempo y las nuevas costumbres de manipulación y salubridad de los  alimentos han hecho pasar a un rincón de la memoria esta vieja actividad.
Relacionado con la leche, creo meritorio resaltar que el alumbreño José Mendoza Lorente (fallecido hace algunos años), continuando la tradición familiar, se asoció con unos amigos del gremio y constituyeron la Cooperativa de Productos Lácteos “La Yerbera”.
La Yerbera en Alumbres 2005.  Foto: Francisco Atanasio Hernández
También la marca Caprilac, un producto lácteo de elaboración tradicional es producido por personas de nuestra tierra, Antonio García Charcos, hijo del que conocemos por “Ministro” dirige este negocio y Antonio Acosta trabaja para la firma.
Caprilac en Roche 8-5-2016.  Foto: Francisco Atanasio Hernández


Fuentes

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. Retazos de la historia de Alumbres.

Archivos
Proyecto Carmesí:
    -Diario de Cartagena.
    -El Eco de Cartagena.
    -El Noticiero. Artículo sobre los requesoneros de Alumbres. Federico Casal Martínez. 
    -El Fénix Cartaginés.
    -Estadística sanitaria.
    
Fotos:
-Proyecto Carmesí. Las Puertas de San José.
-Francisco Atanasio Hernández.

Testimonios
-Francisco Atanasio Hernández. Memoria personal

viernes, 13 de mayo de 2016

SOBRE LA PATRIA POTESTAD Y LA CUSTODIA COMPARTIDA

           Hace unos años, con motivo del Día del Padre, escribí el artículo que transcribo a continuación y que mientras viva tendrá plena vigencia, porque el daño ocasionado es irreversible.
            El 19 de marzo se celebra el día de los padres que felizmente pueden disfrutar de todos sus derechos como ciudadanos, y sobre todo de la compañía de sus hijos, pero los padres desposeídos de su paternidad pasamos un año más alejados de ellos.

           Los hijos no fueron concebidos por una Santa y el Espíritu Santo, los hijos tienen padre y madre, y las organizaciones femeninas tendrían que recordarlo así a sus socias, especialmente las llamadas progres, socialistas y creyentes, que a menudo van a la iglesia a pedir crédito a Dios para seguir haciendo daño con más fuerza si cabe.
Creo que es preciso recordar que a los niños hay que educarlos para la libertad, para una sociedad moderna de convivencia y diálogo que considere y respete a los demás como uno desea que lo respeten a él mismo, y en la ruptura de un matrimonio no se les puede ir inculcando que la culpa es del otro, porque en estos indeseables procesos, ambos son un poco culpables y víctimas a la vez, y sobre todo los hijos no tienen culpa de nada y no tienen porqué sufrir las consecuencias de la ruptura de la pareja.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
          En 1981, el Congreso de los Diputados aprobó una Ley de Divorcio, que al no disponer de otra para compararla, apareció ante la sociedad como la tabla de salvación para aquellos casos de incompatibilidad manifiesta de las parejas. Sin embargo, esa urgente necesidad ocultaba en su interior todos los ingredientes antidemocráticos, discriminatorios, y sobre todo electoralistas, de captación del voto femenino, para que en cualquier proceso de separación siempre saliera ganando la mujer. La renovación de los principios machistas más reaccionarios en este caso nunca lo protestaron los colectivos femeninos o feministas más belicosos, y eso que sabían que en numerosas ocasiones, esta circunstancia fue la causa de muchos casos de violencia familiar, puesto que en realidad la Ley de Divorcio mencionada no fue hecha para todos, sino sólo para unos pocos que podían pasar suculentas manutenciones a sus ex parejas y a sus hijos sin pasar estrecheces a final de mes, y además podían rehacer sus vidas afectivas cómo y con quién querían sin causar por ello escándalo social. Los demás, es decir, la mayoría, los trabajadores que dependían de un mísero salario, si tenían diferencias insalvables con sus parejas y se separaban porque no se resignaban a su mala suerte, eran condenados a vivir en condiciones precarias, y si la mano ejecutora de su nueva desgracia no podía ser la de ella directamente, ya se encargaría de hacerlo el juez de turno, o los picapleitos, en cuyas inhumanas redes tenías la desgracia de caer.

            El día 5 de junio de 1990, divorciado de mi pareja desde hacía 5 años, registré la entrada de una denuncia en el Colegio de Abogados de Cartagena, contra dos letrados que me habían tramitado mi divorcio en el bufete que entonces tenían abierto, porque mientras que a mí me negaban la viabilidad de denunciar a mi ex cónyuge por el reiterado incumplimiento de la Patria Potestad Compartida, así como el régimen de visitas y el disfrute del período de vacaciones con mis hijas recogidos en la sentencia de divorcio, a ella la incitaban a presentar una reclamación económica fundada en falsedades y la animaban a continuar incumpliendo su parte.

          El caso es que, si el picapleitos de mi ex-esposa conseguía que el juez emitiera una orden de retención de mi salario, en principio, y a partir de ese momento, yo reduciría en mucho mis posibilidades de subsistencia por la mengua de mi sueldo, y luego, me costaría años conseguir una revisión del contenido económico, porque en este caso tendría que demandar y conseguir una sentencia favorable, cosa bastante difícil para mí, entre otras cosas porque en aquél momento el abogado protagonista de este caso, aspiraba a convertirse en presidente del Colegio de Abogados de Cartagena, y ya se sabe el papel que en este país juegan las influencias en todos los estamentos. La confabulación había sido bien estudiada, pero no tuvieron en cuenta que yo también se moverme por el mundo y tenía algunas cartas que jugar para evitar que llevaran a cabo una injusticia más tan descarada, por lo que después del registro de mi escrito en el Colegio de Abogados, nunca más se supo de la reclamación de mi ex y su picapleitos.

Escrito que registré en el Colegio de Abogados de Cartagena el 5 de junio de 1990

          Y es que hay que tener en cuenta que antes ya, me había quedado sin la vivienda que tanto esfuerzo me había costado conseguir, ni siquiera la parte que me hubiera correspondido en un justo reparto de bienes, porque lo cedí todo a ella en un falso reparto de bienes, creyendo que lo hacía por el bien de mis hijas, y sin equipaje alguno con el que viajar a ninguna parte, además de la imposición de pasar una manutención que rondaba el 60% de mis ingresos íntegros, porque los hijos lo merecían todo, aunque después sólo recuerden el odio inculcado por la madre despechada y su familia.

Tengo la conciencia tranquila porque siempre cumplí generosamente con mis obligaciones económicas y afectivas con mis hijas, incluso me dejé expoliar pensando que al fin y al cabo todo era para ellas, y sin embargo nunca pude conseguir mantener una relación estable, y mucho menos influir en una educación saludable.

Aunque luego está la sociedad en general, y la mayoría de la familia en particular, que rezuma hipocresía por todos sus poros, entre la que cabe destacar a las chismosas/os, que lo que no saben lo inventan, y con su dedo acusador señalan al padre divorciado como si se tratara de un delincuente, solo porque no se ha resignado a ser un infeliz toda su vida.

Aparentemente, las relaciones con mis hijas, ya adultas, eran normales, hasta que llegado el momento de la boda de la mayor, fui apartado del derecho a ser el padrino en la ceremonia religiosa y a estar en la mesa de los padres de los novios (el 4º mandamiento de la Ley de Dios dice “Honrarás a tu padre y a tu madre”, pero por lo visto nadie de la parroquia se lo recordó), porque había que evitar que la mamá se ofendiera por compartir ese momento con su ex cónyuge y lo solucionaron poniendo de padrinos a los padres del novio, padre y madre, y nadie se ruborizó por ello, seguramente porque ellos tiene el corazón humano y podrían tener alguna desgracia si no lo eran, yo en cambio no tenía nada que temer, porque como según parece tengo el corazón de acero inoxidable pues…, y menos mal que el futuro marido de mi hija era un dirigente del PSOE, que si llega a ser un fascista no sé qué hubiera sido de mí. Por supuesto, mi segunda hija siguió el mismo camino que la primera.

Cuesta trabajo creer que una mujer de esas quiere a sus hijos cuando no duda en hacerles daño a cambio de fastidiar como sea a su ex pareja. Pero tanto o más trabajo cuesta creer que sean sinceras cuando piden igualdad de derechos para todo lo que a ellas les conviene, y a la vez le niegan a los hombres el más elemental de los Derechos Humanos, la paternidad.

 En una sociedad democrática todos tenemos derechos y obligaciones, y hay que mirar con total normalidad que una pareja se separe porque entienden que la convivencia juntos es imposible, y ello no debe de conducir a que aquel que se quede con los hijos los utilice contra el otro como si de simples muñecos se tratara, olvidando que los hijos necesitan a los dos, al padre y a la madre, y si no puede ser juntos hay que conseguir que los tengan por separado. El otro no sólo tiene la obligación de pasar la manutención, tiene además el derecho a disfrutar de la compañía, del respeto y del cariño de sus hijos, y a participar en una educación civilizada y sin traumas de éstos.

Por entonces había que tener en cuenta también a la sociedad, que con su dedo acusador, actuaba con el padre legalmente divorciado como si se tratara de un delincuente, y el divorcio fuera un delito. Se podría decir sin exagerar la nota que se puso de moda perjudicar al padre que se atrevía a divorciarse de su pareja, porque en realidad, la hipocresía de la sociedad es tan grande, que a los familiares de los divorciados no les importaba que la pareja se resignara indefinidamente a dar una falsa imagen de unidad familiar y concordia, aunque en realidad cada uno viviera su vida afectiva a su manera y fuera del matrimonio, cualquier cosa antes que el divorcio.

En definitiva, estoy persuadido de que no hay mayor violencia que la ejercida por los poderes del Estado que no cumplen con su cometido de salvaguardar los intereses de todos los ciudadanos por igual, y que discrimina a una parte en favor de otra por razón de los intereses, no del Estado de Derecho, sino de los partidos políticos. Los ciudadanos honrados de un Estado supuestamente democrático, que son agredidos en sus legítimos derechos se sumen en un estado de impotencia y de ansiedad de impredecibles consecuencias para los afectados.

Todo ello, y siempre en mi opinión, debería de llevar a la sociedad, y sobre todo a las organizaciones ciudadanas, a una profunda reflexión sobre la utilización de esta escala de valores y su utilidad para una sociedad de diálogo, tolerancia y entendimiento, y poner los medios necesarios para evitar que nunca más sucedan maldades de esta naturaleza, ni en Alumbres ni en ningún otro lugar de nuestra geografía, y nadie mejor que las organizaciones ciudadanas para ello. Mientras tanto quiero recordar un viejo adagio que dice así “De donde no hay no se puede sacar”, y un poema de mi cosecha que también publiqué con el artículo.

                                      LA ÚNICA RAZÓN TOLERABLE
Era un día estival de un junio poco esperanzador
que amenazaba jubilar algún que otro corazón
entre las incansables estridencias de las chicharras
y el balsámico aroma de los hinojos
que inundaban de añoranzas las ansiedades.

Eran las horas del dominio de Cáncer
en un inefable cielo plagado de tempestades
y las hogueras de San Juan
habían extendido ya su magia purificadora
por la atmósfera salobre de la ciudad.

Aquel año pasaban los cincuenta
por la estación del olvido
y al viejo tren de cercanías
le empezaban a flaquear las fuerzas
para subir los empinados repechos del desamor.

En algún rincón de la tormenta estaba ella
memorizando las palabras necesarias,
sólo las palabras precisas,
que tendría que repetirle sin dudar un instante
con la seguridad de quien se sabe bien la lección
y está poseído por el sagrado poder
de la única razón tolerable.

Padre, ya sé que es a ti
a quien le correspondería ser
pero lo mejor para mí
es que no lo seas.

Nunca pudo imaginar
que el sol se apagaría de repente
pero sus sentidos dejaron de sentirlo a media tarde.

Y aquellas palabras todavía suenan en sus oídos
como el eco interminable
del metálico martillo de Vulcano
golpeando en el yunque imaginario de la memoria.

Escuetas palabras que se endurecieron
en el polo de la ausencia
y se hicieron viejas en la ceremonia del otoño
y la nieve del invierno se adelantó una estación
perdida en el tiempo y el espacio del padre.

Pero quedaba el hombre para seguir
enfrentándose a la ausencia de calor de otros inviernos
y al frío calor de otros veranos
y a las pesadillas del desamor de cada día.

    Documentos
    Sentencia de Divorcio
    Escrito dirigido al Colegio de Abogados de Cartagena
    Ley de Divorcio de 1981
    
           

miércoles, 4 de mayo de 2016

LAS AGUAS PARA CONSUMO HUMANO EN ALUMBRES

         La mayor parte del territorio ubicado al Sur del Puerto de la Cadena, y que comprende la comarca de Cartagena, Torre Pacheco, toda la Sierra Minera y el Mar Menor, está definido por la aridez, y caracterizado por un clima templado y seco de no más de 300 mm de lluvia anual, concentrada especialmente en las estaciones de otoño e invierno y algunas precipitaciones ocasionales en primavera, siendo los veranos largos y secos. Además es un espacio carente de ríos y las ramblas sólo conducen agua cuando llueve.
  Depósitos del Taibilla en Alumbres. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Manantiales, pozos y aljibes
            El agua es imprescindible para la supervivencia del ser humano, pero en lugares donde lo más notable es su escasez, se hace necesaria una buena dosis de conocimiento del medio, para el mejor aprovechamiento de los recursos que la naturaleza pone a disposición de los pobladores del lugar.
Pozo del Rufo en La Parreta. Foto: Francisco Atanasio Hernández
En este rincón de la geografía española, el agua siempre fue un elemento tan necesario como codiciado, de manera que en tiempos pasados su búsqueda fue incansable, y se explotaron tanto los escasos manantiales existentes en la zona, como los pozos que el Concejo abrió para el consumo de las poblaciones, según las ordenanzas promulgadas por el Ayuntamiento en 1729, así como los que numerosos particulares abrieron en sus propiedades, además de la antiquísima utilización de los aljibes.

            En Alumbres, hubo al menos, dos pozos concejiles, y ambos estaban situados en la orilla de la rambla, uno enfrente del actual local de la Sociedad de Fomento y Cultura Minerva, y el otro al final de la calle del Duque, y como en la mayoría de los pozos del pueblo, tanto municipales como de propiedad particular, el agua estaba relativamente cerca de la superficie, a no más de 10 o 15 metros del subsuelo, y con el paso del tiempo, este agua fue perdiendo calidad, tanto por su sobreexplotación como por la contaminación de éstos por los pozos negros, por lo que su consumo se fue limitando a actividades domésticas, y con la llegada del agua del Taibilla a las viviendas, los pozos se fueron tapando.                           
                                                     
El aljibe es un depósito de almacenamiento de agua, de tradición muy antigua, especialmente la procedente de las lluvias, para lo que se canalizaban éstas en dirección al depósito con el propósito de su utilización posterior, aunque para el consumo humano no era la más apropiada si no se trataba adecuadamente.
            Las fuentes y los manantiales es otro recurso que pudieron utilizar los pobladores alumbreños. La Fuente del Comino que estaba en la falda del monte Calvario, en el camino del cementerio, era el lugar más cercano, y en períodos de sequía, dicen los más viejos del lugar que se podía estar haciendo horas de cola para recoger un poco de agua para la casa.

            La Fuente de la Peraleja era otro lugar de donde se podía conseguir el agua para beber, y estaba situada en el paraje que se conoce por ese nombre, al pie del Cabezo de las Cuneras.

            También estaba la Fuente de María la Boa, cerca del Huerto de San Pedro, aunque un poco alejado para los alumbreños, por lo que, según oí de mis mayores, quienes más la utilizaban eran los vecinos de Los Partidarios y La Esperanza.
Barranco del Canalote en la actualidad. Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Por el precioso y añorado barranco del Canalote, situado entre el Pico de la Miguelota y el Cabezo de las Cuneras, más o menos a un kilómetro y medio del pueblo, discurría un arroyuelo al que se iba a proveerse de agua para beber y a lavar la ropa. Pero además era el lugar elegido por la mayoría de alumbreños para ir a merendar el día de la Candelaria.

            También se podía ir al Pozo del Rufo situado en la Parreta, aunque siempre hubo quien prefería la comodidad y como se lo podía permitir, recurría al “aguador”, que vendía agua de forma ambulante por medio de una cuba trasportada por un carro y del que tiraba un animal.  
Pozo Concejil en Roche restaurado en 2006. Foto: Francisco Atanasio Hernández
El proyecto de La Fausilla
            En la sesión municipal del Ayuntamiento de Cartagena del día 4 de septiembre de 1931, se dio lectura a una moción “…para que se dote de agua a los vecinos de Alumbres, ya que existe a cuatro kilómetros del pueblo, detrás del llamado huerto de la Fausilla un manantial, hoy sin explotar, que arroja nueve metros cúbicos de agua potable, fina y excelente, y que para ello debe el Ayuntamiento adquirir una tubería y conducir el agua al indicado lugar”. Se aprueba por unanimidad.
                
            Sin embargo, los habitantes de la diputación de Escombreras, a cuya demarcación pertenecía la Fuente de La Fausilla, se sintieron agraviados, y con fecha de 17 de marzo de 1932, elevaron una protesta al Ayuntamiento de Cartagena firmada por todos los vecinos en varios folios, porque según decían en ella, también necesitaban agua y desde mucho tiempo atrás, venían manteniendo disputas con el dueño de la finca por su derecho al aprovisionamiento de tan preciado líquido, y nunca habían tenido el apoyo de los concejales.
            Después de la protesta de los lugareños de Escombreras nunca más se supo de la proyectada conducción de aguas de la Fausilla hasta Alumbres.

            Las aguas del Taibilla
            El proyecto de dotar a Cartagena y su comarca de agua potable es antiguo, si bien empieza a tomarse en serio a partir del siglo XVIII, y especialmente desde finales del siglo XIX con la fundación de varias compañías de aguas, aunque es en 1927, fecha en que se funda la Mancomunidad de los Canales del Taibilla cuando se consolida un ambicioso y sólido proyecto, a pesar incluso de que la definición se estuvo retrasando por diferentes circunstancias hasta los años 40, y fue en mayo de 1945 cuando la Mancomunidad comenzó a dar servicio a la Ciudad Departamental y a extenderlo por la comarca.
Entrada al recinto del Parque Rafael de la Cerda-Tentegorra (Canales del Taibilla). Foto: Francisco Atanasio Hernández
            En reunión celebrada por el Comité Ejecutivo de la Mancomunidad el 22 de octubre de 1947, se adjudicaron las obras de la instalación del depósito de aguas en Alumbres y la conducción de éstas a Escombreras, a la Sociedad Entrecanales y Tábora.
            En el mes de julio de 1948, la Sociedad Francoespañola de Explosivos solicitaba permiso para realizar una derivación de la conducción de aguas a Refinería, para dar servicio a su factoría de Alumbres (Garrabino), aceptando ciertas condiciones entre las que destacaban la provisionalidad de la conexión, hasta que el Ayuntamiento de Cartagena pudiera hacerlo y sin perjuicio de las necesidades de la Refinería, además de que los gastos irían a cargo de la empresa solicitante y que el coste por metro cúbico sería de 0,60 Pts.

            Sin embargo, no sería hasta 1949, cuando el pueblo de Alumbres comenzara a utilizar las mencionadas y tan necesarias aguas. El 16 de agosto de ese año, coincidiendo con la festividad de San Roque, patrón del pueblo, tuvo lugar la inauguración del servicio de agua potable del Taibilla, cuyo memorable acto estuvo dirigido por una comitiva formada por el Alcalde de Cartagena, el Ingeniero Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla y la Comisión de Fiestas del momento, además del cura y el médico, como era obligado en esos tiempos.

            Lo primero que se hizo fue una misa con toda la solemnidad posible, oficiada por el cura del pueblo y cantada por el Coro de la Caridad.
            Terminada la misa, todo el cortejo acompañado de numerosos vecinos, se dirigieron a la plaza de la Iglesia donde se encontraba una de las fuentes públicas que habría de proveer de agua al poblado y tras ser bendecida por el cura y ejecutados los discursos de rigor, el alcalde abrió el grifo, dando por inaugurado éste. Posteriormente dirigieron sus pasos a la plaza de la Escuela, cuyo grifo abrió el Director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, quedando abierto al público también.
         Pero la fiesta comenzó el día de la Virgen, con la celebración de una batalla de flores que encabezaba una carroza representando una fuente como preludio de lo que habría de venir a Alumbres, detrás iba otra titulada “Mi barca”, a esta le seguía una que representaba un patio andaluz, y finalmente, de forma humorística desfilaba un carro con un depósito que decía “Adiós Alumbres no te volveré a ver más”, burlándose del carro del Tío Borete, el aguador, que durante mucho tiempo había estado surtiendo de agua a los vecinos a un elevado precio.
Aguador en las obras de la refinería. Foto: Luis Manzanares
Tiempo después se dispusieron otros dos grifos en las casas del Portazgo, uno en la fachada lateral de la casa del “Molinero”, y otro enfrente de la tienda del “Bigotes”.

Durante la década de los ´50 se fue extendiendo la red de distribución de aguas por el pueblo y los vecinos pudieron disponer de agua del Taibilla en sus propias viviendas, mientras tanto, el agua se transportaba a las casas en cántaros de barro, a base de músculo unos y por medio de carretones otros, el caso es que nunca faltara agua en las tinajas de los domicilios. 


Fuentes

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. Alumbres en el siglo XX.
-Francisco Atanasio Hernández. Retazos de la historia de Alumbres.
- Álvaro de la Piñera y Rivas. Breve historia del abastecimiento de las aguas de Cartagena.
-Ricardo Guardiola Saura. Las aguas de Cartagena.
-Francisco Javier Pérez Rojas. Transformación urbana y arquitectónica de Cartagena. 
-Juan Antonio Gómez Vizcaino. Pueblos de Cartagena.

Documentos
-Archivo Municipal de Cartagena. Actas Municipales.
-Archivo Municipal de Cartagena. Solicitud de los vecinos de Escombreras para que no se lleve               agua de la Fausilla a Alumbres.
-Archivo Municipal de Cartagena. Constitución de Aguas del Taibilla.
-Archivo Municipal de Cartagena. Solicitud de Garrabino de agua del Taibilla 1948.

Prensa
-Archivo Municipal de Cartagena. Cartagena Nueva.
-Archivo Municipal de Cartagena. El Eco de Cartagena.
-Archivo Municipal de Cartagena. El Noticiero. 
-Archivo Municipal de Cartagena. La Tierra.
 -Archivo Municipal de Cartagena. Diario de Murcia.
-Archivo Municipal de Cartagena. Gaceta Minera.
-Archivo Municipal de Cartagena. El Porvenir.

Revistas
-Antonio González Velázquez  "Abastecimiento de agua a la Base Naval  y ciudad de Cartagena: un                    problema secular". Cartagena Histórica Nº 12.

Fotos
-Francisco Atanasio Hernández
-Luis Manzanares. Aguador en las obras de Refinería.