martes, 21 de noviembre de 2017

LAS GAFAS MILAGROSAS

        
Hace muchos años que escribí este relato corto, y parece que las manecillas del reloj se hayan movido al revés, pues desde entonces aquí, ni se han reducido las guerras en el mundo, sino todo lo contrario, ni el hambre, ni la sed, ni el machismo predominante, ni la contaminación ambiental han menguado un ápice siquiera, y hay menos libertad y menos justicia que hace 20 años, y las indecentes dictaduras han aumentado, aunque eso sí, ahora se disfrazan con indecorosos respaldos políticos de formaciones supuestamente democráticas y opositoras, y cómo no, también institucionales de gobiernos de otros países interesados, en un mundo global que admite las guerras para llevar a todo el mundo, un régimen que huele a podrido por todos sus poros y al que llaman democracia.
            Por ello me parece que el escrito hoy tiene plena vigencia.


           Después de mucho andar de aquí para allá, y mirar al mundo de izquierda a derecha, de frente y al revés, Feliciano, había llegado a la conclusión, no definitiva por supuesto, porque los grandes pensadores nunca dan por terminada una reflexión, de que no hay nada más práctico para transformar la realidad, que mirarla detenida e insistentemente a través de unos buenos cristales de color, llámese a éstos como se quiera, monóculo, antiparras, lentes, gafas, etc., eso sí, adecuando el color de éstas a cada  momento y circunstancia ideal.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
             Claro que, alguien le preguntará,
-¿Feliciano, y porqué una solución tan simple a un problema tan complejo?
-Pues bien ya que me lo preguntas, te diré que me ha resultado muy difícil llegar hasta aquí, porque cualquiera que haya intentado alguna vez cambiar el mundo, cualquiera que haya hecho algo, al menos un día de su vida por ese altruista fin, habrá podido comprobar que se trata de una empresa materialmente imposible, porque después de los costosos ciclos de grandes transformaciones sociales, la inercia del movimiento circular de todo lo que se mueve, devuelve a la sociedad a su punto de origen, y en el mejor de los casos a sus suburbios, y como de lo que se trata es de buscar la felicidad individual sin excesivos riesgos personales que pongan en peligro tu propia estabilidad, ni demasiados calentamientos de cabeza que te aparten de tu camino y tus obligaciones diarias, he pensado que quizás podría ser mucho más rentable y sencillo cambiarle el color a las cosas, como si los cristales de colores tuviesen propiedades milagrosas o algo así, todo antes que seguir empeñados en cambiar el mundo para nada.

            Así que, si te pones unas gafas graduadas, sin color en los cristales, verás la realidad, más o menos, tal cual es, y a veces puede ser muy desagradable para la gente tan sensible como yo. Sin ir más lejos, ayer mismo salí a la calle bien vestido como acostumbro, con mis vaqueros de cowboy, mi camisa a cuadros, con sus dos botones superiores desabrochados para lucir la pelambrera que cubre mi pecho varonil, la cabellera arreglada muy cortito y mis gafas graduadas, y la verdad, volví a casa estremecido de dolor, porque en mi corto paseo, me tropecé con un número indeterminado de mendigos pidiendo la caridad de los transeúntes, y no entiendo por qué no se lo prohíben las autoridades, porque lo que es a mí me hace sufrir mucho tener que decir que no a tanta gente. Además, fui testigo de cómo era atropellado y muerto en el acto un peatón cuando cruzaba un paso de cebra, porque el conductor que lo atropelló no sólo no respetó la prioridad de paso de los peatones, sino que ni siquiera se paró a auxiliar a su víctima, y la verdad, la sangre me produjo mucha angustia, pero me tuve que ir de allí, más que nada porque la policía empezó a preguntar si había algún testigo que hubiera visto el accidente, y yo preferí alejarme del lugar y ahorrarme complicaciones que no producen ningún beneficio.
            A veces, me gustaría que todas las cosas fueran tan limpias y puras como el color blanco de los serafines sobrevolando las algodonosas nubes del cielo, donde dicen que descansan eternamente las almas más impolutas, claro que yo siempre digo que hay que ser un poco precavido y no creerse todo lo que te dicen de los demás a pie juntillas, ni todo lo bueno que te cuentan de alguien tiene por qué ser verdad, ni todo lo malo tampoco. No hace mucho, fui a Moscú de visita y disfruté de lo lindo viendo las grotescas transformaciones que sufren los endemoniados comunistas, como los denominaban los franquistas, que al mirarlos con mis gafas de color blanco, pasaban a ser blanquísimos querubines con el rabo y los cuernos tradicionales de los rojos como nos los representaban en la pasada dictadura de Franco.
            No obstante, si te pones unas gafas con los cristales de color rosa, que es el color de la dulzura, la delicadeza, la feminidad, verás qué diferencia hay con la realidad. Hace unos días me fui a observar a la gente a un barrio pobre, tercermundista, abandonado de la mano de los dioses, y pude comprobar cómo la basura de color rosa, incluso huele mejor, es más vi a un niño flacucho, con los huesos a flor de piel, medio muerto de hambre, y sin embargo con las gafas color rosa me pareció que estaba bastante saludable, porque los huesos se reflejaban en la retina como si de zonas carnosas y musculosas se tratara.
Recientemente cayeron en mis manos las bases de convocatoria de un concurso literario, y como soy aficionado a la literatura y llevaba puestas las gafas color rosa, participé sin dudarlo un instante, pues ya no me fue posible pensar, que este hermoso arte, está tan corrompido como todo lo demás, y que en realidad, los convocantes pueden ser un puñado de amiguetes que se reparten los premios entre sí, y a los demás participantes sólo los utilizan para justificar las importantes sumas de dinero que reciben de subvenciones.
            El negro, es todo lo contrario, es el color del pesimismo, del desánimo, pero como a gustos no hay quién gane..., pues, si lo que me apetece es llorar un rato, me coloco unas gafas negras y me pongo un documental de Afganistán, o de la antigua Yugoslavia, durante o después de la guerra de “liberación” americana, o de la invasión de Irak y sus decenas de miles de iraquíes indefensos muertos por las balas y las bombas supuestamente democráticas de Busch, además de los periodistas muertos por lo que él llama efectos colaterales, o las torturas en Guantánamo, o en la cárcel de Abu Graib. Hace muy pocos días me puse mis gafas negras para ver el telediario y me enteré que, el ejército de Israel mandado por Sharon, que fue Primer Ministro, asesinó a más de 2000 palestinos indefensos en los campos de refugiados, que sumados a otros miles más que ha matado en los últimos años de su gobierno..., me parece que el mundo libre ha tenido ya suficientes miles de razones como para haber adoptado alguna medida de aislamiento diplomático contra el actual régimen israelí.
Me da mucha pena la libertad porque cada vez la veo más negra y no sólo por las gafas negras que utilizo para ver el telediario, sino porque cada día que pasa, con más descaro, con más libertad, los más oscuros, los más tenebrosos, los más peligrosos personajes de la contemporaneidad se ven izados a los más altos cargos de la sociedad democrática, y no hay nadie ni nada que les ponga freno, y lo peor es que la sociedad se va acostumbrando a la paulatina degeneración del Estado de Derecho y la Democracia y no se preocupa de crear mecanismos para defenderse de ésta plaga.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
 Además, siguiendo con mi afición a la literatura, llevando gafas negras, y teniendo tan oscuros presentimientos, está claro que ni siquiera me molestaría en participar en tan antiguo método de retorcimiento y manipulación de las mentes, porque recordaría de inmediato, los premios, las publicaciones, las fiestas, las comilonas y otras actividades lúdicas con que algunos grupos conocidos se compensan sobradamente entre sí las molestias que voluntariamente padecen.
¡Por favor no vomites en la alfombra que acabo de estrenarla!
           Frecuentemente recurro a ver el telediario con mis gafas negras puestas, porque ahí, entre unas cosas y otras me despacho a gusto, especialmente cuando informan de la muerte de alguna mujer a manos de su marido o compañero, en normal convivencia, en trámites de separación, o separados de hecho, y recuerdan que la mujer había denunciado varias veces las agresiones y amenazas de su pareja, y nada ni nadie protegía a la futura víctima, y me retuerzo de rabia porque entonces recuerdo la ingente cantidad de policías, guardaespaldas y matones que protegen a los políticos a cargo del erario público, y que nadie se atreva a proferir amenazas a un político, porque tarda en ser detenido, con orden judicial incluida, el tiempo que tarde el político en poner la denuncia. Entonces lloro como una magdalena, porque descubro la gran mentira que se guarece bajo la simbólica estatua de la libertad.

            El rojo, es el color del fuego, de la pasión, y a veces, cuando estoy más salido que un pico esquina, me pongo mis gafas de cristales rojos y me voy a una fiesta, un pub, o una discoteca, en busca de un ligue que me endulce la semana y me acerco a mi presa a pedirle relaciones, y si me responde que no, yo seguiré insistiendo, porque mis intenciones y el color rojo que veo en mi interlocutora, me convencerán de que lo que quiere es todo lo contrario de lo que dice, porque según mis impresiones, la delata el intenso rubor que le ha subido a las mejillas, y dará lo mismo si la chica es blanca, negra o amarilla, la sangre es del mismo color para todos los humanos y es tan roja como la indignación que produce en alguna gente el comportamiento prepotente de los chulos de discoteca como yo, o como el fuego que provocan los pirómanos forestales por intereses inconfesables.
Pero cuidado con el color rojo, porque una vez fui invitado a una reunión de esos fachas modernos a los que respetuosamente se les llama Skin Head, y menos mal que no se me ocurrió utilizar las gafas de color rojo, porque podría haber desaparecido sin que nadie supiera nunca más mi paradero definitivo, y sin que a nadie del cuerpo le interesara lo más mínimo saber por qué, ni cómo, ni quién ha formado parte en el crimen. En estos casos, es recomendable la utilización de cristales azules en las gafas, y si es posible, que lleven grabadas en algún sitio bien visible para los demás, una cruz gamada, o una nave vikinga, o un capuchón del Ku Klux Klan, con el fin de pasar desapercibido y no dar el cante, porque en estos lugares es sumamente peligroso. ¡Si serán fanáticos estas gentes que cuando van de cacería de rojos, masones, o negros se ponen gafas de color negro para evitar la visión del color rojo de la sangre de sus víctimas!

Un color serio y marcial es el azul, que curiosamente es el elegido para los uniformes de las fuerzas armadas de la marina y del aire de todo el mundo, y también por muchos políticos que pretenden dar al electorado una imagen de sobriedad y sinceridad difícil de ofrecer sin atuendos adecuados, aunque después se pasen por el forro todo lo dicho.
El azul es el color del cielo y del mar, y fuera ya de los ambientes bélicos y mitómanos, yo utilizo con mucha asiduidad mis gafas de color azul para salir a la calle relajado, aislándome materialmente del mundo que me rodea. Con este fin creo que lo más acertado es elegir el color azul, porque te tranquiliza tanto como cuando estás cerca del mar o te quedas embobado mirando el cielo estrellado.

El símbolo de la libertad, es el color morado, o lila, que es lo mismo, y lo utilizan de fondo en sus anagramas y estandartes todos aquéllos grupos que se consideran más o menos discriminados en la sociedad, y para mí que es un color verdaderamente necesario para las gafas de todo aquél que tenga un poco subida su particular sensibilidad. En la sociedad libre que vivimos impera la violencia por doquier, se diría que la gente no puede vivir sin ella.
Sin duda muchas mujeres sufren la violencia que desatan sus parejas, y difícilmente pueden ocultar las marcas que les dejan en el rostro y otras partes  visibles del cuerpo, especialmente porque estas malas bestias golpean a sus compañeras para que les teman y les obedezcan sin rechistar, y para que todo el mundo sepa a quién pertenece esa mujer, transformada en un simple objeto.
Hace unos días, mi vecina del tercero, llevaba un ojo amoratado y varias contusiones en la cara, producto de una de las soberanas palizas que con frecuencia le da su marido, y sale a la calle con sus gafitas de color rosa y no se las quita bajo ningún concepto porque así camufla los cardenales, y porque le resultaría muy complicado decir la verdad a sus amigas, y como a mí me da mucha pena, cuando la veo venir me pongo mis gafas de color lila y dejo de ver la nitidez de todo aquello desagradable que no quiero. 
De la misma especie y del mismo estrecho pensamiento que los maltratadores de mujeres, incluso yo diría que bastante más cobardes, son esos cabezas rapadas que atacan en manadas como perros rabiosos a transeúntes indefensos, a gays y lesbianas, a ciudadanos de color y a gentes de izquierdas, pero nadie les llama por su nombre, quizás para no ofender a las honorables familias de donde suelen proceder esos cachorros.
Por eso es bueno hoy la utilización de unas gafas de color lila, para que cuando te tropieces por la calle a una persona violentamente agredida por alguno de estos elementos, los moretones de su piel pasen desapercibidos a tu escrutadora mirada. 

Hace un tiempo, salí al campo a pasear con mis preciosas gafas de color amarillo puestas, y estaba yo entusiasmado ante el maravilloso espectáculo que le ofrecía a mis ojos la extensa planicie que parecía a punto de recolectar, cuando de pronto empecé a oler a quemado y me quité las gafas para ver qué pasaba, y menos mal, que aún estoy rápido de piernas que si no, me quedo allí hecho un carbón como los matorrales que minutos antes había estado admirando. Desde entonces, no uso el color amarillo para nada, y eso que yo no soy nada supersticioso y no tengo en cuenta que para mucha gente este color está gafado y trae mala suerte a quien lo utiliza, pero creo que ya tengo yo bastante mala pata como para tentar a la providencia.

El verde, es siempre un color muy útil. Es el color que simboliza a la esperanza, a la vida, a la relajación, y este pasado verano estuve de visita por algunos montes y campos cualquiera del secano Sureste español, y he visto los cuantiosos matices del color verde que pudieron asomarse a mi retina con las gafas de cristales verdes puestas. También he ido a visitar Galicia, ahora que está de moda, en busca de sus verdes pastizales y frondosos bosques, y cuando empezó a angustiarme la visión del negro galipote incrustado en las rocas, acudí de inmediato a mis gafas de cristales verdes, y observé cómo las plastas de oscuro chapapote, se transformaban en grandes extensiones de verdes y relucientes algas.
            Bien pues, al final de mi periplo veraniego me quedaba en los bolsillos el dinero justo para volver a casa, y como no era cuestión de terminar de mal humor unas estupendas vacaciones, tuve que echarle imaginación a la cosa, así que, como algunos billetes de los grandes son verdes, recorté varios trozos de papel más o menos a la medida y les puse el valor de 100 euros, y los metí en el bolsillo izquierdo de la chaqueta para que su abultado volumen estuviese en contacto permanente con el corazón, y éste se encargaba de transmitir la alegría necesaria a mis sentidos, para que mi cara trasluciera una permanente sonrisa.
            En conclusión, es cierto que las gafas de colores no cambian la realidad, pero en estos tiempos que corren, es posible, que sea el mejor protector para la angustia vital. 


Fuentes

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. Las gafas milagrosas.
-Francisco Atanasio Hernández. Teresa Casta Amedias y otras minucias (Conjunto de 11 relatos cortos).

Dibujos
-Francisco Atanasio Hernández.

viernes, 10 de noviembre de 2017

EL COMISARIO BLANKETE Y MARTES 13

         Rodolfo, había soñado siempre con ser el más eficiente de los policías conocidos, y a ser posible el modelo en el que se fijaran las futuras generaciones del cuerpo. Para él habría sido muy importante que la gente lo hubiese podido reconocer por la calle y dijeran,
-¡Mira, por ahí va el mejor policía que hemos tenido nunca, el Comisario Blankete!
Y quizás lo hubiera conseguido, si no fuese porque en ninguna de las trece veces que se presentó a las oposiciones pudo superar las pruebas de capacitación, así que se tuvo que resignar con la suerte que le deparó el destino y conformarse con hacer de su vocación profesional el mejor de los hobbies, y a la vez que ejercitaba la memoria de su infortunado pasado intelectual, impulsaba impetuosamente la escoba con la que se ganaba la vida de barrendero municipal.
-¡Martes 13, joder, hoy me parece que me voy a ir a casa antes que de costumbre!
Foto: Francisco Atanasio Hernández
Cuando terminó la faena se fue al vestuario municipal a cambiarse como siempre, pero cuando iba camino de la ducha, tuvo la mala fortuna de pisar un trozo de jabón que había en el suelo y anduvo resbalando sobre él, no se sabe cuántos metros, hasta darse un costalazo que casi se rompe la crisma, y enseguida que pudo levantarse, casi sin poder articular palabra, medio asfixiado y renqueante se dirigió a su taquilla y sin molestarse en asearse comenzó a cambiarse de ropa mientras murmuraba,
-¡Pues sí que se presenta bien la tarde para mí, voy a vestirme rápidamente a ver si llego a casa antes de que me suceda alguna desgracia de la que me tenga que arrepentir!
-¡Claro que no puedo dejar de ir a la iglesia, ni tampoco puedo dejar de ir hoy a la comisaría! ¿Quién sabe qué caso puedo perderme por no ir un día? ¡Incluso alguien podría pensar que me ha pasado algo o que soy demasiado supersticioso y de eso ni hablar!
Así que, con este comecocos, Rodolfo, se decidió por no romper las costumbres y al bajar del vagón del metro, justo enfrente de la puerta, se encontró con una escalera apoyada en la pared, sobre la que trabajaba afanosamente un electricista, y de inmediato sacó sus gafas negras del bolsillo superior de la chaqueta y sin poder reprimirse murmuró,
-¡Vaya hombre, sólo faltaba que apareciese por aquí un gato negro y que hubiera tenido que pasar por debajo de la simpática escalerita!
  Subió las escaleras mecánicas del subsuelo y salió a la calle Galimatías donde se encontraba la comisaría de policía, y aún no había dado cuatro pasos cuando notó algo blando y un tanto resbaladizo debajo del pie izquierdo, instintivamente dio un saltito para evitarlo, pero ya no había remedio, y entonces soltó una fuerte e irreprimible imprecación que sonó alto y fuerte a varios metros de distancia,
-¡Me cago en la...! ¿Pero bueno, que he hecho yo para merecer esto? ¡Ahora vengo y piso una mierda, a la que además parece que le he destapado el frasco de las esencias, porque hay que ver cómo huele la puñetera!
 Se apartó a un lado de la acera, en cuyo borde estuvo restregando el zapato como un descosido durante un buen rato, y entre restregón y restregón lanzaba al aire una maldición detrás de un escupitajo, hasta que de pronto paró en seco, cuando se le acercó alguien que al parecer le conocía y le dijo,
-¡Hombre Blankete, cuánto tiempo sin verte, qué tal te va amigo?
-¿Juan, tú por aquí. Amigo, siempre igual de oportuno, eh?
-Y en ese preciso momento, de forma instintiva, le volvió a dar un par de restregones más al zapato.
-¿Oye, te encuentras bien?
-¡Oh, sí, sí, sí me encuentro muy bien, es que estoy esperando a un amigo que por lo visto me va a dar plantón y no estoy de humor!
-Espero no haberte molestado Blanquete, pero yo me he alegrado mucho de verte después de tanto tiempo sin saber nada de ti, y no he podido reprimir la tentación de arrimarme y ofrecerte mi ayuda en aquello que esté a mi alcance, ya sabes, si puedo hacer algo por ti estoy a tu disposición. Joder, que mal huele por aquí, tú.
-¿Ah sí, pues yo no huelo nada, oye? Bueno amigo, te agradezco tu buena intención sabes, pero ahora no necesito nada, a ver si nos vemos en otra ocasión más propicia y nos tomamos una copa, eh. Venga, hasta otro momento.
-Vale Blankete, adiós.
Y el amigo Juan, se fue un poco mosqueado por el escaso interés que Rodolfo había mostrado por charlar con él, y por las muchas prisas que parecía tener en quitárselo de encima. Entonces, cuando Rodolfo se quedó solo, nuevamente le dio no se sabe cuántos restregones más al zapato, y se dirigió a la comisaría con la cara descompuesta por el descomunal cabreo que llevaba encima.

Entró casi corriendo, y sin pararse, fue saludando educadamente a todos los servidores de la ley con los que se iba cruzando por los pasillos, mientras decía bajito,
-Si yo hubiese tenido un poco de suerte, ahora, todos estos serían mis colegas, o mis subordinados, quién sabe. 
Y siguió su camino como si fuese un funcionario más hasta su objetivo, que no era otro que la oficina donde se encontraba destinado su mejor amigo, un  veterano agente con el que todos los días se pasaba un buen rato, comentando algunos de los actos delictivos que se cometían en la comunidad, especialmente los más significativos, que eran los que daban más pie a la especulación.
-¡Hola Jeremías, cómo va la cosa hoy!
-¡Hola amigo, pues no te lo puedes ni imaginar, estoy de trabajo hasta el cuello. Y si no fuera por mi…!
-¡Vamos, vamos, cálmate un poco y explícate hombre!
-Mira Blankete, para que te hagas una idea, algunos agentes están convencidos de que basta con que se denuncie el delito, porque de inmediato va a venir el delincuente de turno a entregarse voluntariamente, tú crees.
-¡Claro hombre, claro, esa es la teoría de los jóvenes, que se consideran muy listos porque han estudiado y lo cierto es que no tienen ni idea. Mira como nosotros, sin estudios de ningún tipo, sabemos que a un delincuente no le puedes dejar el coche abierto porque te lo desvalija, sin embargo, ellos creen que lo mejor para evitar que te roben el vehículo es dejárselo abierto y con las llaves puestas!
-¡Menos mal que estoy yo aquí, Blankete, menos mal, que si no..., ni te cuento!
-Después dicen que un hombre pierde la cabeza de pronto, mira, sin ir más lejos, ayer, se presentó un hombre totalmente desnudo en la comisaría y puso una denuncia contra otro señor, que según él, le perseguía con muy malas intenciones, porque, según su propio testimonio, el otro implicado le había sorprendido tomando unas copas con su mujer. Claro que lo que no dijo, es que lo sorprendió en la cama de la misma manera que se presentó en la comisaría, y que la mujer que lo acompañaba y que también estaba en cueros, era la mujer del otro, y para más cachondeo, la cama en la que los pilló era también del mismo incauto, que por lo visto, de lo único que se quejaba era del dolor de cabeza que le estaba produciendo el inesperado crecimiento de cuernos, y que como se descuide, le van a seguir creciendo en la cárcel.
-¡Es verdad Jeremías, la gente tiene un cinismo que es demasiado, y no me extrañaría nada que este pájaro del que me hablas quiera sacarle más tajada aún al asunto y culpe al pobre diablo del más que seguro constipado que va a sufrir por haberle hecho correr por en medio de la ciudad en pelota picada, o qué sé yo, de las purgaciones que contrajo el año pasado, y además de haberse beneficiado a su mujer gratis y en su propia cama, le saque ahora una sustanciosa indemnización por daños y perjuicios!
-¡Bueno, bueno, a mí no me gustaría estar en el pellejo de ese pobre hombre, porque ahora, lo mismo su arrebato le cuesta un pico, y un montón más de problemas, y estoy seguro de que esa menda no se lo merece por muy buena que esté!
-Menos mal que nosotros somos solteros y no nos tenemos que preocupar por esos problemas - dijo Rodolfo,  a la vez que se tocaba la frente con cuidado y de paso se alisaba el pelo para disimular.
-¡Sí, sí, fíate tú y veras. También el demonio era soltero y fíjate qué hermosos adornos le pusieron!
-Hace unos días, un individuo fue sorprendido en el interior de una vivienda después de forzar la cerradura, y portando varias bolsas llenas de objetos valiosos que había ido cogiendo de la casa. Como fue cogido con las manos en la masa por un agente de la policía, éste se lo llevó detenido a la comisaría para levantar la correspondiente denuncia y ponerlo a disposición judicial, y cuando se le preguntó qué era lo que hacía en una vivienda que no era la suya, respondió que, posiblemente se había equivocado de casa, pero al preguntarle por su domicilio, recordó que hacía mucho tiempo que carecía de lugar fijo de residencia. Pero es más, se le preguntó que para qué quería los objetos que llevaba en las bolsas y respondió que ya no se acordaba para qué las había cogido, porque periódicamente padece problemas de amnesia temporal, y que quizás esa era la causa de todo este malentendido. Eso sí, carecía de certificado médico alguno que confirmara la supuesta enfermedad mental, pero no obstante, él insistió en que era un hombre honrado que se ganaba la vida con el sudor de su frente, aunque tampoco se acordaba cuándo y dónde trabajó la última vez.
Y así se habrían pasado horas y horas, días y días sin parar, pero Rodolfo tenía que ir aún a la iglesia y cuando miró el reloj y vio la hora que era se despidió apresuradamente de su amigo,
-¡Anda, qué hora es ya? Hasta mañana Jeremías.
-Hasta mañana Blankete.
Salió de la comisaría bastante nervioso, y sobre todo despistado por la hora que se le había hecho, cuando escuchó un lastimero maullido a la altura de su pie izquierdo y casi al mismo tiempo un fuerte golpe en la pierna, y tuvo mucha suerte, de que aquel gato con el que, por supuesto, tropezó sin querer, se conformara con propinarle dos zarpazos y marcarlo de pantorrillas para abajo, dejándole rajada la pernera del pantalón, los calcetines, los zapatos, y ocho surcos sangrantes en la pierna.  Se quedó estupefacto mirando a aquel enorme gato negro que huía como alma que lleva el diablo después del destrozo que le había ocasionado.
-¡Esto es el colmo de la mala suerte, piso a un gato que además es negro, y no me ha comido porque seguramente no tenía apetito!
Y tan despistado iba refunfuñando por el desgraciado incidente que había sufrido con aquel salvaje animal, que se puso a cruzar la calle Galimatías sin mirar a ningún sitio, y no despabiló hasta que escuchó muy cerca de él, el tremendo bocinazo de un autobús de la E.M.T. (Empresa Municipal de Transportes), y dando un salto hacia atrás pudo esquivarlo por los pelos. Y allí se quedó, como si acabaran de plantarlo, durante unos largos minutos, verdaderamente pasmado por lo que pudo haber sido si no fuese porque aún se encontraba suficientemente ágil, pero sobre todo estaba muy alarmado por el más que aparente encadenamiento de sucesos peligrosos que le estaban ocurriendo.
Así y todo, una vez que se recuperó de la impresión, siguió su camino, esta vez poniendo mucha atención en cada paso que daba y llegó a la iglesia de la calle Consolación con grandes deseos de encomendarse a su patrona, la Virgen de los Milagros.
Tan ansioso iba, que al ir a mojarse los dedos en la pila de agua bendita, metió la mano hasta la manga de la chaqueta, y se enteró de ello porque al ir a santiguarse sintió una sensación fría y húmeda que le discurría por el interior de la manga de la chaqueta y le desembocaba por el sobaco. Se puso morado de rabia, pero se contuvo como él bien sabía hacer y como vio cerca un reclinatorio vacío, se lanzó hacia él y lo hizo con tantas ganas que lo corrió de lugar produciendo un desagradable chirrido en la silenciosa iglesia. Por supuesto, todos los asistentes volvieron la cabeza para mirar al individuo que osaba turbar la paz del santo lugar, y hasta el párroco le dedicó una mirada de reprobación que le hizo bajar la cabeza con la cara sonrojada.
Cuando tocó hacerlo, Rodolfo, se levantó del reclinatorio y se dirigió a comulgar, en cuyo momento el cura volvió a mirarle para que desistiera de su intención porque le constaba que no se había confesado, pero él se mantuvo allí reclinado, decidido, hasta que recibió el Santo Sacramento. Entonces volvió a su sitio murmurando,
-¡Qué pesado que es este cura. Mira que le he dicho veces ya que yo no me confieso porque Dios está en todas partes, y él sabe muy bien cuáles son mis defectos y mis virtudes, así que es sólo a él a quien me tengo que confesar y pedir que me perdone los pecados! ¿Además, si tengo sincero propósito de enmienda y me pongo una penitencia acorde a las faltas que cometo, qué más quiere?
-Admito que muchas de mis ideas son un tanto particulares en casi todos los temas de la vida, especialmente en lo que se refiere a las relaciones humanas y sus reglas de convivencia, pero eso ya lo saben los que me conocen y no entiendo por qué algunos como, por ejemplo, este cura, se empeñan en no respetármelas. ¡Qué poca tolerancia oye!
En cuanto terminó la misa, salió rápidamente de la iglesia, no fuese a ser que el cura lo llamase para volver a hablar del tema de las confesiones, así que recién comulgado y encomendado a la Virgen de los Milagros y aunque en otro caso se podría decir que estaba inmunizado ya contra la mala suerte que le confería el maldito martes 13, en el de Rodolfo había que ser más cauteloso, porque teniendo en cuenta el infortunado día que llevaba no podía fiarse demasiado y con mucho cuidado, casi parándose en cada esquina para mirar con precaución a lo ancho y largo de la calle, por fin consiguió llegar a casa sin más incidentes.
Se quitó la ropa, se puso el pijama y se hizo un sándwich, cogió una cerveza y se fue a la sala de estar donde tenía el ordenador y todo su enorme archivo parapolicial mientras iba comiendo por el camino. Conectó el ordenador y esperó unos instantes a que se cargara y enseguida que estuvo en condiciones para entrar en él, se dejó el sándwich y la cerveza en la mesa un momento mientras abría un archivo, y como estaba más pendiente del ordenador que de lo que tenía a su alrededor, al ir a coger la comida golpeó la botella de cerveza, con tan mala suerte que la derramó entera sobre el sándwich y todo lo que había por allí al lado, incluyendo, claro está, el equipo informático y rápidamente se lanzó a secar lo que pudiera con lo que pilló por allí, pero de inmediato recibió una descarga eléctrica que no lo dejó tieso de milagro, por medio del cual se provocó un cortocircuito con fogonazos intermitentes que ocasionaron el corte de energía y un pequeño incendio en el enchufe que se extendió rápidamente hasta la torre del ordenador. En cuanto las fuerzas se lo permitieron desconectó el equipo, pero ya era tarde para evitar el desastre, y aunque apagó el fuego con un extintor que tenía en casa, no pudo evitar la destrucción del disco duro, y como consecuencia todos los archivos informáticos que disponía. A oscuras, orientó sus pasos como pudo hasta la caja de distribución que tenía en la entrada de la casa y rearmó el diferencial que había saltado, y volvió con toda tranquilidad a la salita a terminar de secar con pañuelitos de celulosa la cerveza que quedaba en la mesa y sus alrededores, y mientras tanto dijo en voz alta para asegurarse de que era verdad que estaba allí.
-Yo creo que a pesar de todo he tenido suerte de contarlo y de que no haya ardido la casa, así que voy a hacerme otro sándwich, porque éste se ha quedado que ni para los pollos.
-Pero eso sí, está claro que hoy, se ha acabado el día para mí, por lo tanto, terminaré de cenar y me iré a la cama, que quizás sea la mejor idea que he tenido en todo este aciago día.
-Mañana, volveré a empezar a ordenar mis archivos, y quién sabe, si a partir de entonces cambia mi suerte y un milagro se da de bruces conmigo y consigo dar con la solución del caso policiaco más importante de la comunidad, y me transformo en un célebre personaje.


Fuentes

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. El comisario Blankete y martes 13 (relato corto).
-Francisco Atanasio Hernández. Teresa Casta Amedias y otras minucias (conjunto de 11 relatos cortos).

Foto
-Francisco Atanasio Hernández.


miércoles, 25 de octubre de 2017

DESDE EL PINACHO A LA FOSA…

Dedicado a mi abuelo “el Cayo” que nació y murió en Alumbres.
Por esas fechas, cuando se celebraba algún acontecimiento en el que interviniera
 el vino, que era la bebida más consumida, se cantaba una conocida canción:

Cuando yo me muera,
tengo bien dispuesto
en el testamento
que me han de enterrar
en una bodega
al pie de una cuba
con un grano de uva
en el paladar.

El Pinacho. Foto: Francisco Atanasio Hernández 
            Allí, apoyado en la barra de mármol de la vieja tasca, siempre frente a un vasito de vino, unas veces blanco, otras veces tinto, Antonio “el Macho”, mataba el tiempo y algo más, sin prisas, con la velocidad de una carrera de tortugas cojas, como si el tiempo no existiera para él, o como si nada en la vida tuviera más importancia que conservar en alcohol no se sabe bien cuántas penas, pero debían de ser muchas por la cantidad de vino que se echaba al cuerpo cada día.

-Cataplum, chin, pum, gallo, gallina. Por favor Anselmo, ponme otro chatito de ese tinto peleón que tú y yo sabemos.
-Calla joder, que hasta la madre del tonel te reconoce y se pone a temblar cuando te ve aparecer por aquí.
-Bueno hombre, pon también unas patatitas bravas de esas que tienes ahí, que parece que me están diciendo cómeme.
-Sí, sí, a mí me la vas a dar tú, lo que quieres es que el picante de las patatas te pida más líquido para apagar el ardor que produce desde el paladar para abajo.
-La verdad es que, hoy hace un día de frío de esos que sólo te apetecen cosas calentitas, así que no creo que sea como para que te pongas tan quisquilloso conmigo. Yo en tu lugar me dedicaría a ir reponiendo el nivel del tanquecito y dejaría el mundo correr.
            -¡Qué cinismo tienes Macho! ¿Es que aún no te has enterado que tú bebes más rápido que yo puedo reponer?
            -Cataplum, chin, pum, gallo, gallina. Pues sí que estás tú hoy para pedirte un favor.
            -No, no, y no, hoy no se fía y mañana menos, que te veo venir.
          Al cabo de varias horas de ejercitar el agotador levantamiento de vidrios de cada día, el Macho, miró el reloj y vio que eran las cinco, dio un respingo y girando sobre sí mismo, con riesgo cierto de haber probado el suelo después de un peligroso trastabillar por el bar, producido por el escaso equilibrio que era capaz de mantener, y agitando la mano derecha como pudo en ademán de despedida, salió atropelladamente golpeándose con el marco de la puerta de la tasca que al parecer se le había quedado algo  pequeña.
-Anda sí, vete a dormirla que la que has cogido hoy no tiene nada de original que digamos - refunfuñó Anselmo.
            Ya en la calle, el Macho, iba de uno a otro lado de la acera del Paseo de las Delicias, como si estuviera empeñado en medirla y no le salieran las cuentas, cuando se tropezó con un grupito de niños con cara de pasar más horas en la calle que en casa y comenzaron a corear:
-Cataplum, chin, pum, gallo, gallina; cataplum, chin, pum, gallo, gallina,...
            -Hombre mira lo que me faltaba a mí hoy. Anda hijico, por qué no te vas a ver con qué amigo juega al teto hoy tu madre.
            Los críos fueron insistiendo en sus burlas durante un buen trecho, saltando y gritando a su alrededor como de costumbre.
-Cataplum, chin, pum, gallo, gallina; cataplum, chin pum, gallo, gallina,...
        Sin embargo, él siguió su camino como pudo repitiendo los mismos insultos de cuando en cuando, y sin saber cómo se dio con la puerta de su casa en las narices, y  comenzó a golpearla con la mano abierta insistentemente para que le abrieran.
-Ya va, ya va, que no voy en moto, coño.
-Oye muchacha, pues si tú no vas en moto, no sé cómo te diría que yo tampoco estoy para conducirla, sabes simpática.
-Anda pasa, pasa, que un día de estos me vas a matar de un disgusto.
-De acuerdo, de acuerdo, pero espero que elijas un día menos ajetreado que este, porque si no, no voy a poder acompañarte.
-Menos rollo que yo no tengo tan buen humor como tú. En la mesa tienes un plato de lentejas, si no las quieres las dejas y te vas a dormirla como siempre.
         El Macho, se dispuso a comer y comió no más de cuatro o cinco cucharadas de aquellas sabrosas lentejas con chorizo que con tanto cariño le había preparado su esposa, pero para tragarlas tuvo que beberse medio vaso de buen vino de la tierra, si no, le hubiera sido imposible comer nada, y después se fue a la cama donde se quedó dormido de inmediato hasta el amanecer del día siguiente.
Foto: Francisco Atanasio Hernández
            Bien tempranito, como los buenos, el Macho, se despertó y miró el reloj.
            -Joder macho, las siete y media ya, hoy voy a llegar tarde. ¡María ponme el café con un dedito de coñac!
       Se levantó apresurado, dando tropezones con todo lo que había a su alrededor y se fue directamente al aseo a despabilarse y adecentarse un poco.
            -¡En el bar te dicen marrano a poco que te descuidas una chispa, oye!
-¿Antonio, cómo te pongo el dedo de coñac, horizontal o vertical?
-No me jodas María, que tú sabes bien cómo lo quiero yo.
-Eso quisiera yo, joderte, pero por lo que se ve se te ha olvidado ya cómo se hace.
           -Anda, anda, menos literatura y dedícate a tus cosas, que te gusta mucho la marcha y no quiero mosquearme contigo.
            -¡Sí claro, como si el amor no fuese igual de necesario que beber y comer cada día!
-¿Pero qué dices María? ¿Acaso te he fallado alguna semana yo?
          -No sé por qué me parece que también empiezas a tener problemas con la memoria, porque, que yo recuerde, la última vez que lo hicimos fue el martes de la semana pasada, y de eso, hace ya nueve días, y el alcohol tampoco lo pruebo, incluso desde hace más tiempo aún, porque como bien sabes soy abstemia.
       -Bien, vale, pero ahora tengo prisa, sabes, así que luego seguiremos con esta charla tan interesante.
            -Eso, eso, vete ya no sea que alguien te pille la vez y la coja antes que tú.
            Rápidamente se terminó de vestir, se bebió el café de un trago y salió de casa como alma que lleva el diablo.
            Casi sudando llegó al Pinacho, y enseguida se dirigió a su rincón favorito, desde donde podía verlo todo, pero lo más preciado para él de aquel rincón era que cuando lo necesitaba, también tenía dónde apoyarse sin dar el cante.
-Buenos días señores - saludó al entrar.
-Buenos días Macho - respondieron educados los demás.
      -Cataplum, chin, pum, gallo, gallina. Anda Anselmo, pon una rondita de clarete y unos boquerones para picar, que ésta la pago yo, la siguiente Dios dirá.
           -Gracias amigo, yo me la voy a beber muy a gusto a tu salud, porque a mí me enseñó mi padre, que una copa no se le debe de despreciar a nadie - se apresuró a decir Sandalio.   
           -Hombre Macho, te agradezco la invitación, pero permíteme que te pregunte, ¿es que te vas a morir?
            -Lo que te importará a ti si al hombre se le ha infectado una copa demás, o si acaba de cobrar la herencia de la suegra y quiere celebrarlo con sus amigos.   
        -Pero bueno, ¿qué es esto? ¿vale ya, no? Yo creo que es más simple, hoy se ha levantado generoso y nos invita, nosotros tragamos y él paga, y eso también es bonito, tú.
          -Lo que vosotros queráis, pero desde esta barra de mármol, que tanto tiempo me acompaña cada día, obraré como es costumbre entre los nuestros, así que, debo de pediros que nadie salga del Pinacho sin que antes se haya bebido este trago de vino, y como soy muy consecuente, incluso el día de mi muerte, no he de dejar sin su copa a un amigo o a un pariente, y hoy brindamos con clarete porque yo soy el pagano.
            -De acuerdo, primero el clarete, pero dinos ya qué es lo que celebramos.
       -Escucha amigo Liborio, recuerda amigo Sandalio, ¡oídme todos amigos! lo que os voy a encomendar, porque el día que yo me muera, si venís a acompañarme hasta mi última morada, tendréis que rememorarme, y no olvidar que tenéis que parar en la puerta del Pinacho y beberos en mi honor la ronda que os dejo pagada cumpliendo nuestra tradición.
        -Dices bien Macho, porque según la tradición, aquel colega que crea que está próxima su muerte, debe de dejar pagada una consumición, y hay que parar el cortejo funerario frente al bar el tiempo necesario para que los acompañantes consuman la invitación - recordó Liborio.
            -Así es amigos, como sabéis, yo soy devoto aunque no practicante, ¡igual que  todos vosotros! pero habrá un día en que el cielo me llame y me pida cuentas, y debo de estar preparado y pedirle que me trate con la mayor indulgencia, y eso que sé que no hay un lugar en el infierno como este jardín de las esencias donde se siembra la gloria y florece la miseria. Mientras tanto el rato apuro y empino el codo sin freno ¡qué más da, si yo sé que no hago daño a nadie!, aunque a menudo, tal vez, me superen los excesos en el arte de beber.
            -En fin Macho, menos drama y:

                        “Vamos al vino y a los boquerones
                        que de escuchar tanto sermón
                        se me inflaman los cojones
                        y me aprietan el esternón.”

           Todos rieron por la ocurrente forma de interrumpir el tétrico discurso del amigo, y rápidamente se volcaron en el vino y los boquerones. Pero apenas tuvieron tiempo de beber un sorbo de vino, porque el Macho, estaba decidido a dar a conocer su última voluntad en toda su extensión.
          -Por último amigos míos, si queréis acompañarme en mi entierro, sabed que habréis de subir hasta el viejo cementerio y beberos a mi cuenta un chatito a la subida y otro chatito a la vuelta, y a la vez me cantaréis nuestra más fiel oración:

                                   “Desde el Pinacho a la fosa
                                   cruzamos Santa Lucía
                                   y te vamos dedicando ¡aúpa!
                                   la borrachera del día.
                        Recuerda el alma abatida
                        levanta la copa y bebe
                        que este vino es de Jumilla ¡aúpa!
                        y sabe de rechupete.
                        Qué buen vino nos dio Dios
                        los colegas lo consumen
                        sin dar un solo respingo ¡aúpa!
                        en un feliz periquete.
                        Y si alguno se emborracha
                        a mí no me importa nada
                        si paga lo que se bebe ¡aúpa!
                        y luego la duerme en casa.
                                   Desde El Pinacho a la fosa
                                   cruzamos Santa Lucía
                                   y te vamos dedicando ¡aúpa!
                                   la borrachera del día.”

           -Oye tú, me tienes asustado eh, espero que el pago de las deudas se las hayas encargado a otros, porque si no, no sé qué va a ser de mí - dijo Sandalio riendo.
            -¿Pero es que el sermón del bebedor os ha quitado las ganas de beber?
            -Sí que parece que hoy se defienden poco bebiendo, sí.
            -Venga hombre, venga, vaciad los vasos de una vez, que esta va de mi cuenta ¡No quiero que vayáis diciendo por ahí que el cantinero no paga una y encima os gorrea!
            -Muy bien dicho Anselmo, puedes estar seguro de que no lo perderás.
            Al poco fue Liborio quien pagó la siguiente ronda, y después lo hizo Sandalio, y más tarde otro colega...
            A las cinco de la tarde, Antonio “el Macho” miró el reloj y dio un respingo separándose de la pared que lo aguantaba con la mayor rapidez que le fue posible, y agitando torpemente la mano derecha en ademán de despedida, enfiló el hueco de la puerta, con cuyo marco se golpeó el hombro izquierdo más violentamente que otras veces, porque como tantos otros días parecía que la puerta se le había quedado pequeña.
            -Hasta mañana - le dijeron educados los amigos.
            Iba de uno a otro lado de la acera del Paseo de las Delicias, como si quisiera medirla y no se pusiera de acuerdo con el método a utilizar, cuando le salieron al paso el grupo de niños de todos los días y comenzaron a corear:
            -Cataplum, chin, pum, gallo, gallina; cataplum, chin, pum, gallo, gallina,...
            -Otra vez vosotros, vaya carga que me ha caído a mí.
         -Oye, oye, que tú ya vas bien cargado, eh. A ver si ahora nos vas a culpar a nosotros de la melopea que llevas encima.
            -Anda hijico..., vete a ver con qué amigo está jugando al teto hoy tu madre.
         Y como otros días, los chiquillos siguieron dándole la tabarra un buen trecho hasta las cercanías de su casa, durante el cual saltaron y gritaron el eslogan de costumbre:
            -Cataplum, chin, pum, gallo, gallina; cataplum, chin, pum, gallo, gallina,...


Fuentes

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. Desde el Pinacho a la fosa (relato Corto).
-Francisco Atanasio Hernández. Teresa Casta Amedias y otras minucias (conjunto de 11 relatos cortos).

Fotos
-Francisco Atanasio Hernández.

miércoles, 18 de octubre de 2017

¡¡CUIDADO, QUE LA COLUMNA VERTEBRAL DEL ESTADO DE LA CORRUPCIÓN SE HA PROPUESTO REFORMAR LA CONSTITUCIÓN!!

A los que no tenemos filiación política, se nos hace un tanto complicado ser comprendidos por unos y por otros, cuando tratamos temas que supuestamente están reservados para cabelleras lúcidas dedicadas al lucrativo negocio de la política.
Sin embargo, en esta época de excesiva frivolidad política, carente de la más mínima reserva ética por parte de los principales protagonistas, echo de menos la opinión libre de algunos intelectuales, pero por lo visto hoy la inteligencia se mide según el tiempo que cada cual es capaz de mantenerse al margen y en silencio, y la mayoría de ellos no quieren estar mal vistos por los editores, y no les culpo, porque sin ir más lejos, aquí, en la Región de Murcia, hay alguna prensa que mantienen “castigados” a quienes se han atrevido a criticar o denunciar públicamente a algunos de sus protegidos, por lo que en estos medios, sólo se escuchan o leen las voces y los escritos de los que lo hacen por encargo dentro del guión que les imponen.
                                                  La Asamblea Regional de Murcia incendiada 3-2-1992
Pues bien, después de los violentos sucesos de Cataluña del 1-0, originados por las fuerzas del Orden que el Gobierno franquista de Rajoy mandó a Cataluña para reprimir los deseos de la sociedad catalana de expresarse con las urnas, y después de ver con qué libertad e impunidad se manifiestan y revientan manifestaciones pacíficas los fachas de este país, me vienen a la memoria algunas de las “gestas” antisociales de los principales cómplices del partido del Gobierno y de este estado de podredumbre total.  
  

Adhesivos de la crisis industrial  de Cartagena de los años 90. Elaboración: Francisco Atanasio Hernández
Los cartageneros tenemos en la memoria la salvaje actuación de las Fuerzas del Orden de la Delegada del Gobierno de Felipe González, Concepción Sáenz Laín. El 3 de febrero de 1992, el Gobierno de la Nación estaba en poder del PSOE y lo presidía Felipe González Márquez, el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Murcia era también del PSOE, y el presidente Carlos Collado, y el Alcalde del Ayuntamiento de Cartagena era José Antonio Alonso Conesa, también del PSOE.
Todos los poderes estaban bajo el control del partido que aún se declara Socialista, y porta la “O” de obrero sin ruborizarse, sin embargo su respuesta a las movilizaciones obreras contra el desmantelamiento industrial que se estaba perpetrando, fue justo la misma que la del PP ha dado a los catalanes, incluso mucho más violenta y desproporcionada. Las lecheras circulaban de una parte a otra del Paseo de Alfonso XIII con las puestas abiertas y disparando a discreción como poseídos a todos los ciudadanos que se movían por las cercanías. Los antidisturbios perseguían a los manifestantes hasta dentro de los establecimientos públicos, Instituto Isaac Peral, Hospital del Rosell, etc., y disparaban pelotas de goma y botes de humo a los vecinos que atónitos se asomaban a los balcones, seguramente porque no querían testigos de tamaña tropelía. El conocido Diputado Regional del PP Juan Ramón Calero fue aporreado y lesionado en la cabeza por la policía que actuaba como si fuesen drogados. Y curiosa y casualmente, cuando las fuerzas de ocupación que organizaron el desorden se ausentaron, quizás por falta de material represivo, aparecieron unos delincuentes que nada tenían que ver con los trabajadores y lanzando un cóctel por una de las ventanas del edificio de la Asamblea Regional le prendieron fuego. Luego se acusó a los trabajadores del incendio.
Tras aquellos indeseables sucesos, no dimitió nadie, ni siquiera la Delegada del Gobierno Concepción Sáenz.  Igual que en el caso de los 5 obreros asesinatos en las movilizaciones de Vitoria de 1976. Igual que con los sucesos de Cataluña hace unos días. La forma de reprimir a la población no ha cambiado nada desde el franquismo y los hechos lo demuestran día a día, y mientras tanto Pedro Sánchez, el líder del PSOE, hace el ridículo una vez más, después de haber pedido la reprobación de Sáenz de Santamaría, por los actos represivos de las Fuerzas del Orden en Cataluña, ha cambiado de opinión tras la desautorización de los mandamases felipistas en la sombra.
En definitiva, lo que digo es que los partidos que sustentan el Estado de la Corrupción no son los más indicados para garantizar los derechos de la ciudadanía en un Estado democrático, ni son los más indicados para reformar una Constitución que está obsoleta desde el mismo momento de su aprobación en 1978, y hace ya 39 años que la estamos sufriendo.
Además, ambos socios que forman la coalición PPSOE, en sus diferentes pasos por el Gobierno de la Nación patentizaron que práctica e ideológicamente son hermanos gemelos, y de ahí el mismo comportamiento cada vez que tienen ocasión.

La Constitución supuestamente democrática del 78, es tan falsa como el Fuero de los Españoles de la Dictadura franquista.
Es como mínimo chocante que los partidos que más han vulnerado los derechos de los ciudadanos y la Constitución democrática de estos últimos 39 años, PP y PSOE, que son las únicas organizaciones políticas que han gobernado España en todo este tiempo, ahora, tanto los medios afines como los que aparentan que no lo son, los califican como CONSTITUCIONALISTAS, de lo que se viene a deducir que los demás partidos políticos no lo son, y posiblemente los críticos como yo también engrosemos las filas de los no constitucionalistas y antisistema.
                                                            Portada de la Constitución de 1978 


                                                 Portada de la revista semanal “El Jueves” del 23 al 29 de noviembre de 2016
Es increíble y vergonzosa la falta de rigor de la mayor parte de la prensa nacional, con qué poca dignidad y con qué cinismo, presentan a los más impresentables como los únicos defensores del orden establecido, pero lo más patético es comprobar lo bien que cala el mensaje reaccionario entre las masas populares más ignorantes.
Hay que recordar que en 2014 la sociedad PPSOE se puso de acuerdo y reformó el artículo 135, y no para hacerle un favor a la sociedad española, sino para someterse más a la Unión Europa en perjuicio de la sociedad española.

Voy a poner unos ejemplos de la Constitución y el respeto que la coalición de corruptos le han tenido hasta ahora:
Artículo 1. En ella se dice que “…propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.
A este punto ya puedo preguntar por si alguien me lo puede aclarar “a qué libertad se refieren en este sacrosanto apartado, a la del terrorismo financiero; a la de desvalijar impunemente las arcas nacionales y municipales en favor de tramas corruptas y de amiguetes; a la de designar a los jueces que tienen que juzgar a los políticos; a la de crear tramas de corrupción dentro de los partidos; o a la Ley Mordaza que impide protestar incluso contra los que nos están desvalijando.”
Sobre el término igualdad, habría que preguntar, a qué igualdad se refiere la Constitución. Si se trata de igualdad ante la Ley es claro que es una mentira insultante, y si es sobre las oportunidades a conseguir un empleo digno por ejemplo, es evidente que aquí se sigue usando el enchufismo como en los mejores tiempos del franquismo.
Artículo 6. El segundo párrafo de este apartado, refiriéndose a los partidos políticos, dice así “Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Por lo tanto, si de verdad, esta España fuese democrática, y el Poder Judicial no fuese una prótesis del poder Ejecutivo de turno, haría tiempo ya que el PP sería ilegal, claro que antes que él lo habría sido el PSOE, en su etapa felipista, por lo menos, porque han demostrado con creces que se parecen más a organizaciones delictivas que a partidos políticos con vocación de servir a la sociedad.
Atículo 7. Para los sindicatos de obreros y empresarios digo lo mismo que para los partidos políticos, con todas las fechorías que han cometido unos y otros deberían de haber sido ilegalizados hace muchos años, concretamente cuando comenzaron a surgir los escandalosos fraudes de las no Reconversiones Industriales, para las que se dedicaron ingentes cantidades de dinero del erario público que se desvió a bolsillos particulares; el fraude de la Cooperativa de Viviendas PSV de la UGT; la escandalosa descapitalización del Sector Fertilizantes por el hombre de confianza del Gobierno del PSOE, Javier de la Rosa y su camarilla; y más cercano en el tiempo la malversación de fondos europeos destinados a los parados, Cursos de Formación, etc., etc., etc.,
Lámina de Ricardo y Nacho, humoristas gráficos de El Mundo (colección de 25 láminas 1990-1995). Archivo de Francisco Atanasio Hernández.
Caricatura de los líderes sindicales de CC.OO y UGT. Autor: J. Ramírez
Es mentira que los sindicatos sean libres, pues son rehenes del Gobierno de turno y de los empresarios, porque viven apesebrados por las inconmensurables ubres del Estado y de la patronal que los alimenta y no desinteresadamente.
A los sindicatos y sindicalistas actuales solo les interesan los trabajadores de las grandes empresas, que son las que los mantienen enganchados a las tetas, los obreros de las pequeñas, están abandonados a la más despiadada explotación. Hay delincuentes que pasan por empresarios, que han dejado de pagar a los obreros un año o más de salarios, y sin embargo ningún juez lo ha mandado a la cárcel por ladrón y tampoco los sindicatos lo piden. Los trabajadores si roban si van a la cárcel.
Artículo 9. En su segundo párrafo dice que “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y los grupos sean reales y efectivas”. Sin embargo ya lo he apuntado antes, los poderes públicos se preocupan de conseguir mejoras y distinciones para sus afines, y a los demás ciudadanos y trabajadores que se busquen la vida.
Artículo 14. Igualdad ante la Ley. Los ciudadanos hemos visto demasiadas injusticias como para que nos creamos este precepto. Si fuese así los desvalijadores que se pagan la libertad condicional con el fruto de sus robos no podrían hacerlo. Los  corruptos que llegan a ser juzgados suelen hacerlo entre cinco y más años después de la comisión del delito, en muchos casos cuando ya han prescrito, y eso no es ni justicia ni igualdad. Si no hubiera trato diferencial en la justicia que padecemos los españoles que nacimos en casas pobres, tampoco estaría en libertad y con domicilio fuera de España Iñaki Urdangarin, el duque em…Palma…do.
   
Chorizos iguales para dos épocas diferentes. La primera ristra, de los periodistas Gallego y Rey, dedicada al Gobierno del PSOE en tiempos de Felipe González, y la segunda al período del PP con Mariano Rajoy de Presidente.

Es más, mientras que las movilizaciones populares que no son del agrado del Gobierno son analizadas con precisión e inmediatamente identificados y calificados despectivamente como “extremistas”, “rojos”, “comunistas”, “antisistema” y otras lindezas por el estilo, además de ser detenidos de inmediato aquellos elementos que se salen del orden, los “ultraderechistas” salen a la calle y organizan todo tipo de disturbios, y raramente hay identificaciones, ni descalificaciones, ni denuncias, ni detenciones, contra los “franquistas”, “fascistas”, “neonazis”, “cabezas rapadas”, etc., extrañamente se requiere en alguna ocasión, la acción de la policía y de la justicia, porque por lo visto como se decía en la transición, “Los ultraderechistas son hijos del cuerpo”.
Artículo 16. Dice la Constitución que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Sin embargo hemos visto cómo los Católicos tienen privilegios para obtener ayudas económicas municipales y nacionales, culturales y educativas, además de exenciones fiscales. Es más, algunos jueces todavía consideran delito el hacer chistes contra las creencias religiosas, o manifestarse contra el monopolio espiritual de la religión Católica, mientras que se considera libertad que algunos hagan caricaturas de Mahoma, Alá o cualquier otra creencia diferente a la oficiosa.
Artículo 18. El derecho al honor, es un derecho, casi exclusivamente utilizado a discreción por algunos políticos y sindicalistas corruptos, con el fin de apabullar a los que denuncian sus irregularidades y tropelías, y hay jueces y medios que los amparan.
Artículo 19. En cuanto al derecho de expresión y de difundir ideas, es lógico pensar que si los medios de difusión están en manos de lobbies, más o menos afines por diversas marañas financieras, son ellos los que monopolizan el derecho a la libertad de expresión, y los que la regulan censurando lo que no les interesa. Los ciudadanos, también hemos sido desposeídos de este derecho. En algunos casos son los medios los responsables de la impunidad con que algunos elementos actúan en su propio beneficio, porque no difunden la información que algunos ciudadanos les proporcionan.
Se puede decir, sin dudar un ápice, que desde los años 90 del siglo pasado hasta aquí, se ha incrementado la censura en la prensa en general.
Artículo 31. Dice que “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad….” Produce bochorno la lectura de este apartado, pues todos sabemos que las empresas, especialmente las grandes, contribuyen con porcentajes ridículos comparados con la presión fiscal a la que estamos sometidos los trabajadores, lo que echa por tierra el principio de la igualdad y progresividad de la que habla. Luego están las amnistías fiscales que el Gobierno de turno se inventa para beneficiar a los defraudadores más ricos y poderosos.
Lámina de Ricardo y Nacho, humoristas gráficos de El Mundo (colección de 25 láminas 1990-1995). Archivo de Francisco Atanasio Hernández.
Artículo 35. “Todos los españoles tienen derecho al trabajo y a un salario suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia”. La lectura de este artículo produce angustia e impotencia, sobre todo después de que el Gobierno de Rajoy diera el Golpe de Estado al Estatuto de los Trabajadores y nos devolviera a la Edad Media en materia laboral. Si los políticos y sindicalistas españoles supieran lo que es la vergüenza no habrían consentido el establecimiento de la inhumana y antisocial Ley Laboral que actualmente está en vigor, y que gracias a la cómplice inacción de los sindicatos y del PSOE en especial, se está consolidando per sécula seculórum.
Artículo 47. “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Otra gran mentira, en este país, sólo quienes disponen de un buen sueldo pueden disfrutar de una vivienda propia, y  también los usureros, al frente de los cuales están los bancos, aunque estos con un privilegio más, tienen derecho a desahuciar a quienes no pueden cumplir con sus hipotecas de usura, pero luego mantienen vacías las viviendas desahuciadas y no pagan lo que le corresponde a cada vecino para el mantenimiento de la comunidad. Los jueces no obligan a pagar, ni embargan a los bancos que no cumplen con las comunidades de vecinos como sí hacen con los ciudadanos de a pie.
Artículo 117. Por último, ni yo ni la inmensa mayoría de la población española creemos en la independencia judicial, sino todo lo contrario.
Lámina de Ricardo y Nacho, humoristas gráficos de El Mundo (colección de 25 láminas 1990-1995).  Archivo de Francisco Atanasio Hernández.
En fin, como se habrá podido observar, no era mi intención hacer mención de todos y cada uno de los 169 artículos, pero invito a todos los ciudadanos a que lean la Constitución Española de 1978 que aún está en vigor, y comprueben por sí mismos la ingente cantidad de preceptos que se están incumpliendo de forma consciente y perversa.


Fuentes consultadas y/o utilizadas

Libros
-Francisco Atanasio Hernández. El conductor de ciegos pone su escuela en Moncloa.

Documentos
-Constitución Española de 1978

Caricaturas
-El Mundo. Colección de 25 láminas, 5 años de risa de Ricardo y Nacho 1990-1995.

Prensa
-El Jueves, revista que sale los miércoles. Semanal del 23 al 29 de noviembre de 2016
-Diario 16.
-El Mundo.

Fotos
-Francisco Atanasio Hernández.
-Diario 16

Adhesivos
-Francisco Atanasio Hernández. De mi colección particular.