martes, 26 de junio de 2018

ANTONIO MARTÍNEZ GRACIA, UN HOMBRE BUENO


Antonio “el Rufo” nació en 1924, y no era ni un acaudalado, ni un rico industrial, pues desde bien niño tuvo que ganarse la vida trabajando en el campo de porquero, labriego, carretero, etc., y finalmente encontró su profesión en la construcción, y de albañil se jubiló cumplidos los 60 años.
Tampoco fue un intelectual, pues él mismo confiesa que nunca fue a la escuela, por lo que era autodidacta, pero aprendió a leer, escribir y hacer cuentas, y me dejó como testimonio de parte de su vida, un manuscrito en versos muy voluntariosos y sinceros. Así lo expresa él en dos estrofas distintas:“Colegios no conocí; no se le daba importancia; al vivir en la ignorancia; como cuando yo nací”
“Yo pretender no quiero; de la poesía presumir; porque quiero ser sincero; y mi ignorancia asumir”.
Yo tuve la suerte de conocerlo personalmente, y considerarlo un amigo, y con más de ochenta años todavía iba voluntariamente y de forma altruista, a la Residencia de Ancianos de la Barriada de la Concepción (Quitapellejos), a ayudar a las monjas en lo que fuese necesario con los ancianos más necesitados.
Antonio Martínez Gracia “el Rufo” 
En mi larga trayectoria como historiador de mi pueblo natal, Alumbres, muchas veces he tenido que recurrir a los testimonios de personas mayores, pues no siempre se encuentran en los archivos los documentos que se desean, sino todo lo contrario, las más de las veces los datos encontrados son muy escasos e incompletos y tienes que andar otros caminos para completar el trabajo que te propones, y la memoria de estas personas me ayudaron en mis investigaciones.
            Mis principales testimonios los extraje de buenas personas, como Antonio Martínez Gracia “el Rufo”, Ginés Valero Martínez “el Chinche”, Pepe Egea "Pepe el Cano", José Díaz Pascual, Concepción Raja Álvarez, Mariana García Raja, y algún que otro familiar, como mis tíos, Patricio Mercader Franco, Francisco Hernández Jiménez, Obdulia Hernández Jiménez, y por supuesto, de mis padres, a todos los escuché siempre con mucha atención y el mayor de los respetos.  
No cabe duda de que Antonio “el Rufo” fue una persona ejemplar, pero como siempre sucede en los pueblos dominados por el caciquismo, fue estigmatizado por un acto de solidaridad y no se pudo escapar del dedo acusador de una sociedad ignorante y servil, que prefiere creer y darle brillo a la imagen de un corrupto hasta convertirse en su esclavo, sólo porque va a misa los domingos a pedirle crédito a Dios, antes que intentar comprender y solidarizarse con cualquier ciudadano honrado, que se expone y sacrifica por su gente y sus amigos.

Su portentosa memoria le permitía recitar poemas y veladas de trovos con la misma facilidad que si tuviera el libro delante, y en mis largas y productivas charlas con él, conocí algunas escalofriantes historias de la represión franquista en Alumbres.
Me contó muchas historias, aunque aquí solo voy a destacar algunas de ellas:
Carlos Lizán, que murió en la cárcel, era el presidente de la Casa del Pueblo de Alumbres (local situado en la calle Progreso, y fue requisado por los fascistas, luego se utilizó como vestuario de los jugadores de fútbol, y también para ensayar obras de teatro), y tras la guerra, le hicieron declarar ante un jurado formado por conocidos fascistas alumbreños, y después, tras la declaración, cuando Carlos estaba en la salida del local, al borde de la carretera, uno de los caciques le dio una patada en el trasero tirándolo en medio de la calle, a la vez que le gritaba “Vete de aquí viejo marxista” (Carlos Lizán entonces tenía más de 60 años y era un anciano).
En ese mismo local, los fascistas destrozaron todo lo que se les puso por delante, entre otras cosas, una foto que recordaba a los fallecidos en el luctuoso acontecimiento del 7 de marzo de 1916, en la Fundición de Pío Wandosell donde murieron 7 huelguistas, entre los que se encontraba un alumbreño, Valentín Escobar Callejón.

Aguador
En la postguerra, el Rufo trabajó de carretero para “Paco el Estudiante”, que vivía cerca del Abrevadero, entre éste y el Collado Los Pinos, y transportaba agua a las Baterías de Aguilones, Conejos y Roldán. Por entonces, Gertrudis “La Chusquera” negociaba con el pan de estraperlo, el saco de “chuscos” procedía de La Unión y lo recogía en El Portazgo, y aprovechaba el carro del “Rufo” para transportarlo hasta su destino en el poblado de pescadores de Escombreras. Ese pan estaba hecho de harina de trigo y de cebada, por lo que tenía una tonalidad verdosa.

 En 1964, una redada de la Policía Político Social de la dictadura, dio como resultado la detención de 17 personas de Torre Pacheco, La Palma, Los Dolores, El Algar, Cartagena y Alumbres, acusadas de formar parte de una célula u organización del PCE. Los vecinos de Alumbres resultaron ser, Antonio Martínez Gracia “el Rufo”, Patricio Mercader Franco, José Egea Soto “Pepe el Cano”, Sebastián Barcelona “el Pintao”, y Teodoro Egea.

Certificado de libertad de Antonio “el Rufo” 
Después de pasar varios meses en la cárcel de Carabanchel, y de Cáceres fueron puestos en libertad provisional, con la obligación de presentarse todas las semanas en comisaría, también durante varios meses.
Los detenidos alumbreños fueron estigmatizados sin compasión por los vecinos, pero con “el Rufo”, hubo un punto más de ensañamiento, pues se divulgó que era el “cabecilla” del grupo, para lo que nadie tuvo en cuenta el bajo nivel de preparación académica que tenían todos ellos.
Es más, a lo largo de los años, he podido comprobar que si sabían algo de los principios del comunismo, era tan sólo lo que los curas obreros de aquellos años pregonaban basándose en la doctrina universal del Cristianismo, a saber “El primer comunista fue Cristo”, de hecho, no se puede ignorar que de aquellos curas progres, la mayoría militaron en el PCE de Carrillo, que legalizó su partido a cambio de renunciar a la República, y tras un estrepitoso fracaso electoral, terminó integrando a los suyos en las filas del PSOE de Felipe González a mediados de los años ´80 del siglo pasado.

Por último quiero recordar que él fue el principal promotor de la construcción de las 14 viviendas del Zaraiche que hay junto al campo de fútbol, al lado Este de la vía, y que fueron terminadas el mes de abril de 1964, después de seis años de duros trabajos de los cooperativistas, pues solamente dos de ellos eran albañiles, y lo celebraron con una comida junto a las casas, amenizado con un tocadiscos prestado por Amaro Celdrán (el padre).
14 viviendas del zaraiche
A tan memorable acto le dedicó varios sencillos poemas, el primero de ellos dice así:

Los que aquí presentes estamos
celebrando tan feliz día
nos inunda la alegría
porque al fin ya terminamos
lo que nadie se creía.
Quién nos iba a predecir
cuando las casas empezamos
que nos podíamos reunir
para gozar y reír
por la obra que acabamos.