martes, 12 de junio de 2018

UN DILEMA PARA LOS TIEMPOS QUE CORREN: INSUMISIÓN O CLIENTELISMO


Yo canto la diferencia
que hay de lo cierto a lo falso,
de lo contrario, no canto. 
                                              - Violeta Parra -

Reconozco que soy lo que se suele calificar como políticamente incorrecto y potencialmente diferente a muchísimos mortales, porque no soy “cliente” de nada ni de nadie, y ese factor es un importante inconveniente en este circo en el que los que mandan a todos los niveles de la sociedad, los políticos, pueden darte alguna recompensa si les doras la píldora, pero si no estás con ellos o criticas sus inconsecuentes actos, lo más seguro es que echen sobre ti, rayos, truenos, algún que otro dóberman, y todos los elementos dañinos que encuentren a su alcance.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
De hecho, muchos conocidos de los que se declaran de derechas me consideran un enemigo de la patria, esa patria que permite a los corruptos que desvalijen las arcas del Estado, mientras cientos de miles de ciudadanos pasan necesidades, a la vez que la mayoría de los que se llaman de izquierdas, que es con los que más me he relacionado en mi vida, me tratan con cierta indiferencia y desconfianza y ya no me consideran el íntimo amigo antifascista de otros tiempos. Es una pena, pero así son los de una y otra orilla. Así que me suelo encontrar entre dos fuegos, y aunque siempre hay alguna excepción que rompe la regla, en general, no ser “cliente” de ninguna opción política, supone en la práctica, que unos y otros, empleen sobre mí la muy poco democrática e intolerante máxima conocida “Quien no está conmigo está contra mí”. Ese es el riesgo que tenemos que correr los que defendemos nuestras propias ideas y la libertad sin tapujos y sin miedo a equivocarnos.
Por eso, no es de extrañar, que entre los que se dedican a la política en Alumbres en general, no les haga mucha gracia mis escritos, porque en más ocasiones de las que ellos desean, les destapo sus miserias cuando les recuerdo sus incoherencias y el abandono sistemático de sus obligaciones, así como el “olvido” de las reivindicaciones que exigían cuando eran oposición y que aparcan sin ruborizarse en el rincón más escondido cuando les toca gobernar.

Muchas veces caí al vacío, pero otras tantas saqué de mi chistera el espíritu deportivo que siempre va conmigo para levantarme. El espíritu deportivo, es sobre todo energía vital y nunca se da por vencido.
No obstante, en numerosas ocasiones, sufrí importantes y desagradables amenazas a mi integridad, física y psíquica, en general, procedentes de gentes cercanas a mí, falsos amigos, políticos, sindicalistas, fanáticos religiosos, algunos familiares, y otros, que se proclaman aficionados al deporte, todos tienen un factor común que les une, y es que en general se creen que siempre llevan razón en todo, nunca dejan margen a la duda, por lo que no toleran que otro piense diferente y encima les exija que cumplan con su cometido de servir a la sociedad y no servirse de ella. Estos elementos son muy dañinos, porque están especializados en crear intrigas, y en “matarte” simbólicamente, si no de obra, sí de palabra, y es que tu espíritu libre les molesta sobremanera.

Entre esta jauría, hay un tipo de gente que se cree más pillo que el hambre (aclaro, no es lo mismo pillo que inteligente, el primero es un personaje que vive de las  “jugarretas” que le hace a otros, que llama amigos, hermanos y/o compañeros empalagosamente, mientras que el inteligente es una persona admirable con una capacidad intelectiva especial), y si te haces el tonto, es decir, haces como que no ves nada, o no te enteras, te califican de idiota y te dan por muerto entre ellos, que son muy vivos y actúan como si fuesen capaces de utilizarte con su “desmesurada inteligencia”, aunque en realidad, muchos, son casi analfabetos y el único diploma del que pueden presumir es el de lameculos.

Todos los oportunistas, por lo general,
confunden bondad con estupidez
y actúan en consecuencia con su naturaleza.

Lo cierto, es que mucha gente no sabe dar un paso si no es aprovechándose del trabajo y del esfuerzo de los demás, especialmente de esos que llaman idiotas, pero que sin ellos, son como un  ciego abandonado en un bosque desconocido. Es el signo de los tiempos que corren, unos sufren y trabajan y otros se aprovechan de su esfuerzo.
Lo peor de estos individuos no es su patético comportamiento, que puede ser más o menos insultantemente, grosero y agresivo, sino la cantidad de palmeros que se agrupan a su alrededor jaleándolos y reclamando sangre, no les importa de quién sea, quieren sangre, como en los toros, los espectadores quieren sangre.
Dibujo: Francisco Atanasio Hernández
En los primeros años de esta etapa democrática, la mayoría de los politiquillos y sindicalistas modernos idolatraban e imitaban a Felipe González y Alfonso Guerra, según mi opinión, los políticos españoles más mentirosos, los más embaucadores y los que más daño le han causado a la democracia, por lo que si tenías ideas contrarias a los que manipulaban en las fabricas y centros de trabajo, no podías exteriorizarlas, a menos que no tuvieras inconveniente en exponerte a una oleada de intrigas y atentados, en los que no solo te jugabas tu reputación, y lo que representabas, sino también tu físico y tu puesto de trabajo, porque no tenían ningún escrúpulo en agredirte impunemente, y propiciar tu despido después de desprestigiarte, y luego, algunos de ellos, iban a misa a pedirle crédito a Dios, para continuar haciendo daño en sus cruzadas particulares.

Cuando se carece de dignidad
los escrúpulos brillan por su ausencia.

El mobbing era la actividad favorita de muchos de los sindicalistas y políticos progres, de aquellos primeros años supuestamente “democráticos”, y lo practicaban con inquisitorial ensañamiento con los pocos que no nos sometíamos a su dictado.
Esos individuos son muy peligrosos, como personas son muy malas personas, por muchas misas que escuchen, y como sindicalistas, lo más parecido a un mafioso con oficio, nunca dan la cara, siempre están escondidos detrás del nombre de una organización social, de una pancarta, de un cargo público, y de individuos manipulables, menos reflexivos y que les deben favores, aprovechando el poder y las influencias que detentan en cada momento.
En muy poco tiempo disponían a su voluntad de uno o varios descerebrados bien manipulados convertidos en sicarios, cuya labor principal era la de amedrentar a quienes no aceptaban los planteamientos de los guardianes del redil, con los que no había límites en los medios a emplear para conseguir sus objetivos, pues no te amenazaban en vano.
En la actualidad, además, los utilizan en las redes sociales para intimidarte, difamarte, o mejorar la imagen de algún que otro cacique de la nueva hornada, y lo hacen camuflados en falsas identidades, organizados en grupitos y/o “manadas” para que la víctima no tenga opción y se cumpla el terrorífico objetivo previsto. Es el signo de los tiempos que corren, la miseria humana más abyecta.
 
Muchas veces quedabas “tocado”, y muchos “amigos” y conocidos se alejaban de ti para abrazarse a tus verdugos. La especie humana da esos bandazos con mucha frecuencia, pues en su escala de valores se acerca a uno según el poder que tiene, y si el que tiene más poder decide aislarte de los demás, solo tiene que ofrecer lo que tú no puedes dar.
            Todos los que en nuestra vida hemos hecho alarde de nuestras diferencias respecto a la gran masa, hemos tenido que hacer equilibrios caminando por el filo de la navaja, porque en general, la sociedad no acepta las diferencias, sobre todo, aquellas que se refieren a los principios morales que nadie cumple. Por supuesto, no todo el mundo es corrupto, pero la gente en general prefiere apoyar a un tipo podrido que detente poder e influencias, antes que a alguien que le prometa honradez y sinceridad, y es que “con la honradez y la sinceridad no se come”, según me dijo un día un representante sindical liberado, que consiguió sacarle sustancial provecho a su filosofía hace muchos años, y de cuyo nombre no me quiero acordar.
            De una u otra forma, muchas veces me dieron por muerto, porque me asestaron un golpe bajo difícil de encajar sin derrumbarme definitivamente, o me dieron una puñalada trapera impregnada de mortal veneno, sin embargo, hasta ahora siempre recuperé la verticalidad y la orientación de mis pasos, seguramente porque estoy acostumbrado a los judas y a sus golpes traicioneros, y conozco el mejor antídoto, pues tengo muy claro qué es lo que no quiero.
            De una u otra manera, siempre he tenido algunas intrigas y retos que superar, este último año también, y espero que en el futuro, disponga de fuerzas suficientes para seguir haciendo frente a la adversidad, y transformar todo lo negativo que algunos me dedican, en energía positiva que me permita luchar por mis convicciones y hacer lo que me gusta a pesar de todos los inconvenientes.